La liga de los feos (1)

En inglés se dice que una persona está “out of your league” cuando un sujeto -a quien pretendes enamorar- es demasiado para ti. Como si fuera necesario hacerte saber que hay aspiraciones que no deberías tener, que hay sueños que tienes prohibidos al dormir, o que son parte de esas fantasías agridulces que no han de cumplirse nunca. Que para ser realista -y no quedarse solo- uno debe conformarse con los de su especie: dentro de la liga de los feos, pues.

Obvio todo se complica más cuando eres gay. Vaya que los gays somos superficiales. Todavía recuerdo que de niño al ir descubriendo que tal vez podría ser homosexual mi principal miedo fue que nadie me querría de pareja por feo. No fue el rechazo de mi familia, ni la homofobia de la sociedad: lo que más me preocupaba era que, como decía Betty la fea, que el amor no sería para mí, y “nadie me daría la oportunidad de demostrar cuánto puedo amar”.

* * *

Cuando empezaba a venir lo hacía prácticamente diario. Era fácil recordarlo por sus fachas y su cabello alborotado, y porque parecía un poco los vagabundos que siempre vienen a la plaza, pero ligeramente menos sucio y con celular. También era fácil recordarlo porque en vez de pedir el combo pedía lo que llevaba el paquete menos una cosa, pagando prácticamente lo mismo que por el combo completo, cosa rarísima entre nuestros clientes que suelen aprovechar para llevarse tanta comida como puedan pagando lo mínimo posible.

— Mira, hoy trajo otro. — Me dijo en voz queda Claudia, la mesera.

Pero lo más notorio de él era que siempre que iba llevaba a un chavo diferente. De verdad, hasta el momento nunca ha repetido uno. Quién sabe de dónde los saque. Igual los conoce en Grindr o Tinder y luego los trae antes o después de coger, o se los liga en la Alameda, dios sabrá.

Siempre es el mismo rito. Llega a la caja y le muestra el menú al invitado, le sugiere qué es lo que podría comer si no está acostumbrado a la comida japonesa y luego de pedir dice “yo invito”. Probablemente porque sienta que le están haciendo un favor al ir con él. Luego charlan un rato y si pones atención se puede escuchar lo que platican desde la caja, donde siempre estoy. No es que me guste escuchar conversaciones ajenas, pero atender clientes todo el día es aburrido.

Hoy me enteré que tiene un problema psiquiátrico.

— Tengo trastorno generalizado de ansiedad.

— ¿Es “transtorno” o “trastorno”?

— “Trastorno”. Lo sé porque soy traductor y tengo que checar muy bien qué acepta la Real Academia como correcto o incorrecto. “Transtorno” no aparece en su Diccionario.

— ¿O sea que no existe?

— Mmh, es diferente que no aparezca en el diccionario a que no exista. Lo que hace el Diccionario es decir si la forma de una palabra o su uso o su interpretación debe tomarse como estándar o no. Es una cosa muy ñoña y larga de explicar.

— Pero eso me interesa. Creo que el sentido de las palabras podría ser algo que tenemos en común, tú como experto en palabras y yo como filósofo. — Dijo el chavo evidentemente tratando de verse como un intelectual.

— Yo sé. Generalmente cuando platico sobre eso me preguntan a qué se refiere el término “ansiedad”, no sobre la palabra “trastorno”.

Ambos rieron un poco. Y me dieron ganas de decirle al loquito que presentarse como un enfermo no era una buena estrategia para ligar.

— Sí conozco bien la ansiedad. ¡Hasta estoy medicado! No podría vivir sin mi Clonazepam.

— Bueno, creo que eso no es tan raro para personas de humanidades como nosotros.

Me dieron ganas de pegarle. Como si haber llegado a la universidad hubiera sido un sacrificio tan grande que les costó su salud mental. Yo no terminé la prepa y le apuesto su orden a que he estado tan “ansioso” como él.

— ¿Tú estás medicado?

— Antes sí. Pero los “azoles” me provocan disminución en el líbido, y es difícil conseguir novio así. También pierdes creatividades. Los fui dejando de tomar, y ahora estoy limpio, pero solo es en lo que conozco a alguien.

Definitivamente eso no era normal. Nadie le dice a un prospecto que además de loco necesitas empastillarte y además por eso eres frígido. Y muchísimo menos le diría que dejé de medicarme para poder coger. Pero tal vez así de rara es la gente mamona “de Humanidades”. Sí es cierto que cuando quieres andar con alguien hay que ser abierto para luego no llevarte sorpresas. Tal vez fue bueno que charlaran de que ambos toman medicina psiquiátrica, porque así tienen algo en común. Pero yo mínimo me esperaría unas citas más. Aunque quizá no es su primera cita. Es lo malo de que no los vuelva a traer: ya no me entero del chisme completo. Igual y sí está muy loco y los mata. O los espanta y ya no vuelven a salir con él. No sé. Igual y miente con eso de que busca novio y solo es un depravado que quiere cochar con tantos hombres diferentes como se pueda. ¿Pero entonces por qué los traerá a comer?

Me he propuesto a mí mismo algo: si de aquí a diciembre sigue sin traer a un mismo chavo al restaurante, yo mismo le voy a pedir una cita y se lo preguntaré personalmente. Si también sigo soltero para entonces. Mientras, lo espiaré.

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