De vuelta

Oigo el viento soplar más fuerte que otras noches
Ha de ser el frío que se viene anunciando
Suspiro, porque otra vez no estás a mi lado
Y añoro estar entre tus brazos como entonces

Si las distancias no existieran
Si pudieras estar aquí conmigo ahora mismo
Pondría mi cabeza en tu regazo
Te pediría perdón por todo lo que he dicho
Por todo lo que te he dañado

No me alejes de tu pecho ni un segundo
Hoy todas mis palabras son solo para ti
Todos los te quiero y te extraño del mundo
Este día no existe nadie más para mí

Pero ven,
Por favor solo ven
Que el tiempo ha amargado mi espera
Cuando vengas y duerma
Ya no sabré
Si es sueño o verdad que estás de vuelta

Que por fin
al fin
estás de vuelta

Canción al dolor de olvidarte

Las palabras que no dije
las que apenas insinué
sé que no las entendiste
como yo me imaginé

Los lazos que cortamos por no poder estar juntos
La distancia en tierra que tuve que poner entre nosostros
El dolor de tu rechazo y tu desinterés
Qué difícil es olvidarte si necesito recordarte para ser feliz

Estas noches son tan duras
solitariamente tristes
mi mente llena de dudas
desde el día que te fuiste

Al menos tuve la suerte de estar juntos unos ratos
de saber que nos conocimos por momentos.
Ojalá esos recuerdos me consuelen mucho tiempo
protegidos por la inmovilidad del pasado.

La liga de los feos (2)

Lo bueno fue que no tardé en descubrir que nunca me faltaría con quien coger. Entre gays para tener sexo solo hace falta estar ganoso y dispuesto. Obviamente ser atractivo ayuda, pero eso pasa a tercer plano. Por suerte, me di cuenta pronto de que ser joven ayuda mucho. La gente te cree ingenuo e inexperto: aprovechable, y eso facilita mucho las cosas.

Lo difícil es conseguir alguien que te quiera para algo más que cochar.

Ahora que existen aplicaciones específicamente para conocer hombres y las redes sociales nos ponen en contacto con personas con gustos afines uno pensaría que es más sencillo encontrar al indicado. Pero la verdad es que el indicado no existe, y tanta inmediatez y cercanía (más que simplificar las cosas) solamente ha logrado que nos volvamos consumidores de personas desechables, en una feroz competencia de encontrar al mejor candidato de una lista interminable de opciones. Y si eso no es capitalismo salvaje del amor, entonces no sé qué lo sea.

* * *

Le dije que nos viéramos porque mi novio iba a meter a su casa a otro güey. No lo hice como berrinche ni como despecho, yo y mi novio somos una pareja que intenta ser libre juntos, sin ataduras tradicionales monogámicas heteronormativas impuestas. Le rogué mucho que fuéramos novios. Es mi primer amor y estoy seguro de que es el amor de mi vida, aunque a muchos les dé risa que todavía tengo 19 y lo conocí en mi fiesta de cumpleaños 18. Pero creo que la intensidad es mucho más importante que el tiempo. Con él realmente aprendí lo que es amar (como dice Shakira), yéndome a dormir en su pecho luego de besarnos con todo el mundo en el cogedero, compartíendonos nuestros sexfriends sin dejarnos de dar nuestro lugar. Sé que él es el hombre de mi vida porque le he cantado las canciones más lindas que me sé, porque he llorado con él en muchísimas películas tristes y porque en sus brazos realmente me siento protegido del cínico y caótico mundo.

Pero lo de hoy de verdad me dolió. No sé si sean celos. Yo estoy mucho más joven y bonito y tengo muchisimo más pegue, y seguro cojo con muchos más que él. Por eso siento que el celoso debería ser Héctor y no yo. No sé cómo aguanta que pueda dormir prácticamente cada día de la semana en un lugar diferente desde que mi papá me corriera de la casa porque mi estilo de vida no le gusta a Jehová, ni que trabaje de anfitrión en un bar-cogedero. Tal vez por eso se va a ver con el otro chavo. Tal vez sí lo haga por celos. Y por eso no tengo donde dormir hoy.

Al que acepté ver hoy solo le seguía hablando porque me hacía recargas de saldo por mandarle fotos encuerado. Se llama Andrés, y está enculado conmigo, aunque lo disimula. Me dice “hijo” y siempre me escribe preguntándome si ya comí, si estoy bien, y me da consejos no solicitados sobre cómo manejar mi vida.

—¿Te gusta el mar?— Me preguntó viendo un tatuaje de ancla que me hice en una nalga una vez por puro ocio, ya instalados en la habitación de hotel donde pasaríamos la noche.

— Sí, aunque la verdad nunca he ido.— Contensté, sintiéndome el más ñero de la colonia Guerrero.

— En julio cobro lo de la traducción de un libro choncho de pedagogía. Si quieres nos vamos un fin de vacaciones a Puerto Escondido o Tecolutla o Acapulco.

— Estaría.— Dije después de echar el humo del cigarro por la ventana, donde estaba parado mientras oíamos a oscuras mi Spotify. — Creo que tengo conocidos en Puerto Escondido, hay mucha vida gay allá.

Él se quedó en silencio, tal vez porque ya estaba planeando algo romántico y no algo para putear juntos.

Qué lástima me da este güey.

Continuará

La liga de los feos (1)

En inglés se dice que una persona está “out of your league” cuando un sujeto -a quien pretendes enamorar- es demasiado para ti. Como si fuera necesario hacerte saber que hay aspiraciones que no deberías tener, que hay sueños que tienes prohibidos al dormir, o que son parte de esas fantasías agridulces que no han de cumplirse nunca. Que para ser realista -y no quedarse solo- uno debe conformarse con los de su especie: dentro de la liga de los feos, pues.

Obvio todo se complica más cuando eres gay. Vaya que los gays somos superficiales. Todavía recuerdo que de niño al ir descubriendo que tal vez podría ser homosexual mi principal miedo fue que nadie me querría de pareja por feo. No fue el rechazo de mi familia, ni la homofobia de la sociedad: lo que más me preocupaba era que, como decía Betty la fea, que el amor no sería para mí, y “nadie me daría la oportunidad de demostrar cuánto puedo amar”.

* * *

Cuando empezaba a venir lo hacía prácticamente diario. Era fácil recordarlo por sus fachas y su cabello alborotado, y porque parecía un poco los vagabundos que siempre vienen a la plaza, pero ligeramente menos sucio y con celular. También era fácil recordarlo porque en vez de pedir el combo pedía lo que llevaba el paquete menos una cosa, pagando prácticamente lo mismo que por el combo completo, cosa rarísima entre nuestros clientes que suelen aprovechar para llevarse tanta comida como puedan pagando lo mínimo posible.

— Mira, hoy trajo otro. — Me dijo en voz queda Claudia, la mesera.

Pero lo más notorio de él era que siempre que iba llevaba a un chavo diferente. De verdad, hasta el momento nunca ha repetido uno. Quién sabe de dónde los saque. Igual los conoce en Grindr o Tinder y luego los trae antes o después de coger, o se los liga en la Alameda, dios sabrá.

Siempre es el mismo rito. Llega a la caja y le muestra el menú al invitado, le sugiere qué es lo que podría comer si no está acostumbrado a la comida japonesa y luego de pedir dice “yo invito”. Probablemente porque sienta que le están haciendo un favor al ir con él. Luego charlan un rato y si pones atención se puede escuchar lo que platican desde la caja, donde siempre estoy. No es que me guste escuchar conversaciones ajenas, pero atender clientes todo el día es aburrido.

Hoy me enteré que tiene un problema psiquiátrico.

— Tengo trastorno generalizado de ansiedad.

— ¿Es “transtorno” o “trastorno”?

— “Trastorno”. Lo sé porque soy traductor y tengo que checar muy bien qué acepta la Real Academia como correcto o incorrecto. “Transtorno” no aparece en su Diccionario.

— ¿O sea que no existe?

— Mmh, es diferente que no aparezca en el diccionario a que no exista. Lo que hace el Diccionario es decir si la forma de una palabra o su uso o su interpretación debe tomarse como estándar o no. Es una cosa muy ñoña y larga de explicar.

— Pero eso me interesa. Creo que el sentido de las palabras podría ser algo que tenemos en común, tú como experto en palabras y yo como filósofo. — Dijo el chavo evidentemente tratando de verse como un intelectual.

— Yo sé. Generalmente cuando platico sobre eso me preguntan a qué se refiere el término “ansiedad”, no sobre la palabra “trastorno”.

Ambos rieron un poco. Y me dieron ganas de decirle al loquito que presentarse como un enfermo no era una buena estrategia para ligar.

— Sí conozco bien la ansiedad. ¡Hasta estoy medicado! No podría vivir sin mi Clonazepam.

— Bueno, creo que eso no es tan raro para personas de humanidades como nosotros.

Me dieron ganas de pegarle. Como si haber llegado a la universidad hubiera sido un sacrificio tan grande que les costó su salud mental. Yo no terminé la prepa y le apuesto su orden a que he estado tan “ansioso” como él.

— ¿Tú estás medicado?

— Antes sí. Pero los “azoles” me provocan disminución en el líbido, y es difícil conseguir novio así. También pierdes creatividades. Los fui dejando de tomar, y ahora estoy limpio, pero solo es en lo que conozco a alguien.

Definitivamente eso no era normal. Nadie le dice a un prospecto que además de loco necesitas empastillarte y además por eso eres frígido. Y muchísimo menos le diría que dejé de medicarme para poder coger. Pero tal vez así de rara es la gente mamona “de Humanidades”. Sí es cierto que cuando quieres andar con alguien hay que ser abierto para luego no llevarte sorpresas. Tal vez fue bueno que charlaran de que ambos toman medicina psiquiátrica, porque así tienen algo en común. Pero yo mínimo me esperaría unas citas más. Aunque quizá no es su primera cita. Es lo malo de que no los vuelva a traer: ya no me entero del chisme completo. Igual y sí está muy loco y los mata. O los espanta y ya no vuelven a salir con él. No sé. Igual y miente con eso de que busca novio y solo es un depravado que quiere cochar con tantos hombres diferentes como se pueda. ¿Pero entonces por qué los traerá a comer?

Me he propuesto a mí mismo algo: si de aquí a diciembre sigue sin traer a un mismo chavo al restaurante, yo mismo le voy a pedir una cita y se lo preguntaré personalmente. Si también sigo soltero para entonces. Mientras, lo espiaré.

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