#DomingoDeAnécdotas (3)

Les llamé por teléfono saliendo del psicólogo, que me había sugerido centrarme más en hacer amigos. Nos habíamos conocido en la primera cita que tuve con un chavo con el que no se dieron las cosas, como en una cita doble, cuando fuimos a ver animales y ustedes nos explicaban porque saben mucho de ellos. Me cayeron muy bien y creo que hasta me encariñé con ustedes cuando fuimos a su casa porque uno de ustedes estaba convaleciente y me recordaron la complicidad de mis dos últimas parejas. Dijeron que tenían el fin de semana ocupado por el día de las madres pero podría acompañarlos una noche la siguiente semana.

Yo estaba desesperado por tener novio. Llevaba 10 años sin saber qué era estar soltero, y me emocionaba amanecer con alguien como en la canción de Daniela Romo, aunque fuera solo con amigos. Ese día luego de los tacos, la película y los juegos subí a su cuarto luego de pasar al baño y me sorprendió verlos sin ropa. Pensé que así era como dormían, y me acomodé a la orilla de la cama. Ya a obscuras, Sentí el dorso de tu mano en mi pierna como un cariño tímido, inocente, y yo hambreado como siempre de abrazos te rodeé hasta con las piernas, acomodando mi cabeza en tu nuca. Ustedes se quedaron quietos, boca arriba y tomados de la mano mientras yo les hacía otras cosas. Supongo que cuando eres gay esto es algo que también hacen los amigos.

En mi cabeza cuando escuchaba canciones románticas en inglés los recordaba e interpretaba los “you” como ‘ustedes’ en vez de tú, como cuando con un ex fuimos trireja (eso no lo hace un amigo) y pensaba en si algún día sí podríamos darnos un beso de tres (tal vez eso sí lo piensan los amigos cuando eres gay). Salíamos y pensaba que para qué quería un novio si los tenía a ustedes. Creo que mi error en los noviazgos anteriores era dejar que mi pareja ocupara el papel de un grupo de amistades. Tal vez por eso malinterpreté todo y los quise de manera equivocada.

Esa última noche en su casa pensaba que sería mejor darle vuelta a la página y en silencio les agradecí por todo. Ustedes fueron el último abrazo que di antes de enclaustrarme por la pandemia. Afortunadamente los amigos son rotables y seguramente ni me echarían de menos. Creo que eso pasó, porque hasta mi crush que siempre me ignora me felicitó por mi cumple en mi cumple y ustedes no. Todavía me pregunto si quiero mal porque me encariño demasiado, o porque no sé ser solo uno más del ganado o las redes de gays son así. Todavía no sé si unos amigos pueden dejarte el corazón roto.