#DomingoDeAnécdotas (8)

Yo iba con el plan de luego ir a ver Cindy la Regia, no tenía idea de que me ibas a terminar ahí mismo donde tuvimos nuestra primera cita 5 meses antes y yo estaba encantado de que eras poeta y fuiste muy ingenioso para pedirme que nos viéramos preguntándome si deberías lanzarte con tu crush y resulté ser yo, y que te habías enterado de mi existencia porque te interesaba el japonés por los haiku y viste que yo daba clases gratis en la frikiplaza y alguna vez me habías topado en el metro y ya no te sorprendería que me ayudo mucho con los filtros de las selfis, y también que eras más alto que yo y me imaginaba que tenías grande todo (¡tu vergota!, ¡tus piezotes!) y que decías “ramen” con R suave y varias cosas más, y empezamos a decirnos “prenovio” porque sabíamos que inevitablemente andaríamos.

Me pediste que anduviéramos apenas despertamos y yo pensé que era muy pronto porque todavía había pendientes antes de andar pero dije si digo que espere sería como decirte ‘no’ y yo sí quería, y empezamos a andar. Me deprime mucho pensar ahora que ni todo el entusiasmo que tuve pudo salvar mi manera enferma de relacionarme. Ojalá todos los días hubieran sido tan bonitos como en la boda de tu amiga donde yo brinqué cuando el novio lanzó el liguero y brincaste tú cuando la novia lanzó el ramo y lo ganaste y en la noche de regreso a casa en el uber hablábamos de cómo lo compartiríamos en Facebook y dijimos que nunca nos faltaría una frase ingeniosa porque éramos escritores. Ojalá no hubiera encontrado todas las maneras posibles de hacerte sentir mal excusándome en que ni siquiera deberías sentirte mal porque las cosas que decía que me decepcionaban de ti eran de hecho la cruel realidad, y que hasta tus gustos y tuits me molestaban porque me hacían pensar que no eras tan listo como yo creía. Ojalá me hubieras hecho caso cuando te decía que yo era insoportable y estaba traumado e ibas a sufrir mucho conmigo y deberías alejarte aunque en el fondo ambos sabíamos que necesitaba tu cariño, y por eso cuando me dijiste que me buscaban muchos y yo te decía que solo eran porque me querían coger y tú eras diferente porque me querías y bromeaste con que tú también me buscaste solo por sexo yo te insulté y lloré.

Te diste cuenta que nunca mereciste estar con alguien tan tóxico de manual como yo y la gota que derramó el vaso fue que viste un tuit mío que te hizo sentir mal porque sentiste que te comparaba con un chavo que me acabó ghosteando y no te culpé porque era muy estúpido de mi parte seguir sufriendo por alguien teniéndote a ti que me querías bien y eras demasiado tolerante conmigo pero la cagué como siempre y la verdad no tenías necesidad de ser arrastrado en mi depresión y manías y exigencias. Todavía me sigo intentando convencer a mí mismo de que fue lo mejor separarnos y también de que necesitar abrazos tuyos ni siquiera se puede considerar razón.

#DomingoDeAnécdotas (7)

Me llamaste para preguntarme si podía quedarme esa noche contigo y me llevaste a tu cuartito de azotea con colchón en el suelo y techo de asbesto del que estabas muy orgulloso porque eras independiente y yo te envidiaba porque estabas a segundos de la facultad y hasta nos habíamos empedado ahí alguna vez, aunque no tanto como la primera vez que fajamos, cuando era nuestro primer año en la carrera y estábamos muy desorientados respecto a todo, y yo ya me había ido a dormir y estábamos creo que otros dos bultos más en el colchón y te metiste a mi lado y yo sin saberlo te estaba estrenando en esto, y por lo mismo estabas muy emocionado. El lunes siguiente me dijiste que no te habías bañado desde ese día.

Era raro empezar a tener sentimientos que no entendíamos, como cuando un compañero pasó su brazo por mis hombros un día y luego me cayó un balonazo en la cabeza y dijiste que qué bueno, o como cuando te robaste un chocolate del puesto de dulces de enfrente, lo mordiste y me diste la otra mitad, o como cuando sentados en el metro nos rozábamos los dedos detrás de una mochila para que nuestros amigos no nos vieran, o como cuando empeñé y perdí una guitarra que nunca aprendí a tocar para regalarte de cumpleaños un libro que no leí y me prestaste para que leyera. Lo mejor era cuando había peda o teníamos que hacer un trabajo y sabíamos que haríamos algo de rápido, como esa vez en mi casa donde te viniste a los dos sentones. Un día que sí nos quedamos en un hotel -cuando amanecimos- me preguntaste qué éramos, y yo me hice bien pendejo, o bueno más bien ya lo estaba. No sabía que ibas a perder el interés en mí muy pronto y yo te iba a llorar mucho y no te iba a superar hasta que me alejé (porque cambié de universidad -y de carrera-).

Nos seguimos viendo durante años cuando me llamabas de la nada y hasta te presenté a mis novios con los que eventualmente -incluso simultáneamente- te compartí o me compartieron, no sé (y no los culpo, por tu verg0ta de burro) porque aunque ahora ya tenemos muchísima -muchísima- más experiencia me sigo sintiendo igual de perdido con todo, y todavía te pregunto cómo le haces para no tener celos en tu relación abierta de años con ese chavo tan hermoso y tan listo y me regañas, y pienso que ojalá así fueran todas mis relaciones con los hombres, como contigo, donde al final aunque sufrí mucho por ti nos seguimos hablando y hasta cogiendo pero ya solo siento cariño aunque es raro pensar que formalmente nunca fuimos nada.

Esa madrugada que fui a tu cuarto quisiste ser tierno y me dijiste que yo siempre iba a ser especial por haber sido el primero y -como si todas las obscuridades fueran las mismas y estuviéramos continuando aquella otra donde te fuiste a acostar a mi lado- yo seguía entrando y saliendo de ti sin decir nada, como ese otro día cuando me preguntaste qué éramos, hasta que te abracé muy fuerte y nos quedamos dormidos. Al amanecer me vestí, y tú sin salir de la cama te despediste y para mi sorpresa cuando ya estaba saliendo me dijiste felicidades. Pensé que no sabías. Pensé que me habías dado un tierno regalo de cumpleaños sin saberlo.

#DomingoDeAnécdotas (6)

Me escribiste un mail como hace 12 años porque hice un programa que convertía fechas a un calendario mesoamericano y tú eras un experto de eso y creo que fue solo una excusa porque no sé cómo pero no tardamos en ver que éramos gays los dos y más o menos de la edad y ya solo hablábamos de putería aunque estábamos lejísimos y no nos conoceríamos hasta mucho tiempo después cuando me dijiste que te llevara a la casita a conocer en tu viaje al df y fuimos y ni hicimos nada hasta hoy que por fin me agarraste soltero, y nos vimos por mi casa y fuimos a cenar y te tuve la confianza de decirte que la verdad tenía la cabeza hecha un lío porque estaba teniendo muchas citas sería la tercera vez de la semana que no llego a mi casa y apenas es jueves y yo estaba buscando afecto porque lo que yo buscaba era pareja y yo en el fondo sabía que nada más querían que me los cogiera porque quién sabe que me ven y yo iba como igual con la esperanza de que no fuera solo eso y me preguntaste si tenía los ojos rojos por eso y yo dije que no pero sí, y te enojaste de que habláramos de eso y tenías razón porque siempre has sido dulce conmigo y las metáforas que seguro tomaste de la poesía indígena que me dices me ruboriza millones y tus te quieros viéndome a los ojos con toda la seguridad del mundo me estremecen y me da pena no poder corresponderlo porque digo no puedo ni siquiera encariñarme contigo vives muy lejos y nunca seré tan bueno como tus épicos amantes pero ese día te llevé al hotel más feo a la habitación más rascuacha e hice lo que pude por fin luego de tantos años y al final nos quedamos dormidos aunque no era el plan y luego en el uber te fuiste y me dijiste te amo y yo te dije que y yo a ti porque te admiro mucho porque eres una eminencia en tu área y cómo no amarte con tu belleza y tu personalidad pero para variar eso me puso triste porque ni aunque fuéramos vecinos me acercaría porque no estoy a tu nivel y solo haría lo que hoy y lo hago siempre ir a ver a alguien para coger a ver si me puedo sentir querido aunque sea un rato.