El patito violado

Érase una vez un patito al que un perro malo le dio violín. El patito estaba solo y aburrido sobre las piernas de una amiga extrañando la bolsa enorme donde su padre lo colgaba. Pensó primero en ahorcarse un día de tantos con la cadena que tenía incrustada en el cogote, o dejar que su medio hermano el Pepper lo ensuciara con babas hasta que quedara negro y lo tuvieran que tirar. Él no estaba vivo y en eso tenía desventaja. Pero ya estaba acostumbrado a toda esa pasividad. Pasar de mano en mano por dos escuelas y un gimnasio, que unos dedos curiosos le pasaran los intestinos de la panza a la cabeza, de que le robaran besos en el cuello y que le buscaran un hoyito para meterle el dedo. Eso de «hoyo aunque sea de pollo» había degenerado en él. Un pico no puede sonreír y tampoco muestra sentimientos: en esto se sintió minusválido.

Tecnofilia

Fue en la época en la que muy pocos se imaginaban canciones digitalizadas en menos de 5 Mb, y empezaban a hacerse comunes las pantallas a color. Los únicos lenguajes de programación que se enseñaban en la escuelas eran el BASIC y el LOGO, y los pocos juegos existentes eran de 32 colores en pantallas de 640 por 480 pixeles, con música generada en el CPU en forma de trompetillas de alarma a diferente volumen e intensidad.

Aunque me tocó ver a un tío manejando hojas del excel de esos tiempos, la computadora de la casa de la abuela se usaba más que nada para jugar. Una tía que ya iba para los 30 llamaba seguido para preguntarme cómo se entraba por MS-DOS al juego de la viborita. No sé cómo los niños nos entendíamos tan fácil con todo.

Incluso el abuelo, aventurero y de juventud licenciosa, se animó a retarle un ajedrez a la máquina. Me encargaron enseñarle cómo. Él se sentía muy seguro por ser casi siempre tan invicto en los ajedreces de verdad que se juegan en tablero con los parientes y amigos, tanto, que al decirle cómo mover las piezas (todavía no tenía el placer de conocer a los mouses) se sonrió por ser eso tan sencillo. Todavía recuerdo la interfaz. Era bicolor. ¿Cuántos colores se necesitan para jugar ajedrez? Era hasta más sencillo. El competidor no se tarda nada y siempre tira la pieza que toca.

Dicen que era muy bueno. Nunca he jugado con él. Seguro perdería, soy muy malo en eso de los juegos de mesa. Por ejemplo, hasta el día de hoy, nunca le he ganado a las damas chinas a mi abuela. Ella es la campeona y así estamos todos felices.

– ¿Cómo hago un enroque?
– ¿Qué es eso?

Al abuelo le dio un escalofrío. Iba a perder.

Poco esto ya vemos

Cuento paralingüístico
(oct-02)

Cuando fui a Hidalgo a alfabetizar gente, me pasó algo muy curioso. Ya sabes, era algo que había planeado desde hace mucho tiempo: teníamos libros, planas, impresiones, lápices (por si hacía calor) muchas tizas y un pedazo de lona negra grande que compramos entre todo el salón. Era primer trabajo de campo hasta para el profe, que s equedó con las ganas de hacerlo cada año.

Pinche profe… Todo un lingüista, con diplomados en Beijing, y hasta estudios en Moscú. Mexicano gringillo, chicano a medias. Le admiré sus técnicas, explicaba bien y sabía mucho, tanto que le creíamos un potente diccionario y conjugador verbal. Traducía tan rápido que, en aquellas tardes de calor y embriaguez, me hacia sentirme mierda, mierda rápida, pero no simultanea y mística como él. Por eso mismo no me le despegaba. Seguirle era patético, daba risa y puede que hasta irritante, pero ambicionar a ser más, por eso de la ventaja, ya no me daba pena.

¿No se te hace curioso cómo se da eso de la interculturización, pero a nivel personal? El cómo un profe mezcla su vida con… no sé… ¡con mi perro el Bartolo! Mi perro el Bartolo tiene todo un estilo de vida que envidiaría cualquiera: es un perro vegetariano que le gusta asomarse por la ventana y mirar los almendros por la tarde, nunca ruega por comida, duerme sólo lo que considera necesario y de vez en cuando nos exige pláticas de desahogo. Pero no aspira a nada más. Y bueno, el profe es el profe. Si bartolito fuera de él, sería más como yo… ¿sería bueno o malo? Mi muy bicolor perro me ha vuelto un vulgar maniqueista.

Te lo digo porque allá llegamos a otro mundo… yo no lo conocía, me sorprendió que la cosmovisión de unos cuantos, cuando se está en un lugar así, tan limitado, cambiaba la percepción de terceros. Si cada cabeza es un mundo cada comunidad es un universo completo, que se rige solo, la llegada de uno que otro cuerpo extraño revoluciona cada vida…

Lo primero que necesité aprender fue a dejar de subestimar, y eso no es fácil, pues uno puede actuar, y el otro puede hacer como que no se da cuenta, pero allá lo hipocresía no se tolera. Ocultar la pretensión te dejaba en ridículo. Y esto de verdad que te pone a pensar: “Llevo estudiando diario desde hace meses tal y tal dialecto, declino sustantivos y conjugo verbos, sé frases hechas y utilizar las partículas de respeto, traduzco a la velocidad a la que escucho y medio sé reconocer 14 vocales, pero si no entiendo su chingado ser extralingüístico todo vale madres”. ¿Era un error estudiar la lengua en función de su traducción, solamente? ¿Y un error con qué o sobre qué? ¿Para qué?

No iba a salir de ahí peor de lo que entré. Fui dispuestísimo a aprender, con mis ya sabidas reservas… Era muy importante poner atención. En esos tiempos pensaba mucho la subjetividad de las acciones. Ahora, al parecer, ya no pienso tanto en ello, así como el mudo no se explica a sí mismo diariamente porqué no puede hablar. En fin. Pobres mudos. El rango de mi esfera no los toca si no es en estos tristes ejemplos.

[incompleto]

Melancolía

Poema filológico
(9-jul-03)

Muchas sílabas
para describir
un sentimiento
tan conocido
y tan familiar.
“la bilis negra”
en dos palabras
y un artículo
determinado.
Concepto griego,
Monomanía
psicológica,
o psiquiátrica,
al fin demente,
al fin maniaca.
Monos, manía,
psijé, y logos,
Kolia, xolía
Dicen los cultos
que saben latín
y también griego.
El nombre dice
“soy sustantivo
que tiene plural,
diminutivo,
aumentativo…
palíndromo no,
ni me conjugo:
en vez de eso,
me declinaba
-en la juventud-
en tantos casos…
Ahora añoro
cuán flexible fui,
lo que decía,
cómo variaba…
[incompleto]

Mari, la de tres años

Cuento voyerístico

Le dicen Mari, no sé cómo se llama. Entre su casa y la mía hay un pasillo destechado de metal y cemento que de orillas tiene barrotes sucios y de pintura blanca, por donde puede caerse un perro pero no una niña. Por eso su mamá, (una muchacha que conoció el hijo del vecino cuando se fue a EEUU, tampoco sé su nombre) la deja ahí todo el día, bajo el sol y con la puerta abierta por si se quiere meter a sentarse o a ir al baño.

Creo que no ve tele. El sábado en la mañana, cuando trapeaba la entrada de la casa en shorts, descalzo y con playerita, se me quedó viendo. No me importó que me viera, me dio gusto que alguien estuviera apreciando lo que hacía. Prefería verme. Fue curioso que ninguno de los dos se incomodara. Luego llegó mi mamá y nos cerró la puerta.

Sabe estarse quieta y eso me preocupa. No es una niña escandalosa que habla a gritos como sus tías políticas, dos oligofrénicas de más o menos ocho años. Se dicen “Vas a ver horita Fani”, “vas a ver horita Diana, te voy acusar”, “Amá, la Fani no me quiere dar de sus chicharrones” y la señora “¡Fani! vas a ver cómo te pongo horita” Y ella viendo callada, pensando. Tengo miedo de que aprenda a portarse y a hablar como ellas.

El domingo conoció a mi perro. No sabe que le gusta comer niñas (hasta ahora no lo ha hecho, y la verdad, sus más o menos 30 centímetros de largo sólo me asustan a mí). El le ladró y ladró, ella le sonreía sin miedo y sin llorar (no como sus tías políticas), él se apaciguó y movió el rabo. No la vaya a querer más que yo, no se vayan a querer sin mi.

Su padrastro (un amigo mío de la infancia y de apenas 2 años más que yo) ya tuvo una hija con la mamá de Mari. Como todavía no aprende a hablar, para mí es como si no figurara. Pero importa. Hay que cuidarla del sol y no dejar que se aleje de su madre. Su padrastro vive en la casa, estoy seguro. Quisiera verlo, aunque sea de lejos. Ya va para seis años.

Desde hace mucho digo, de vez en cuando, que soy hijo de la chismosa. Ella me dio muchos de los datos que he dicho aquí. Pero el más terrible me lo dijo mi hermana. “Hola, Anbeto“. Yo me llamo Alejandro. “Así te dice la niñita de enfrente.” Quedé como paleta. Su padrastro se llama Alberto, y le dicen Beto, Ella vivió desde que nació en EEUU, y supongo que ahí aprendió a, an, o and. Tal vez piense que a todos los muchachos de mi edad se les dice Beto y que an (bien de a/an, bien de and) es algo así como un artículo determinado y que los nombres propios pueden llevarlo. Es un tipo de error que no debe tener una niña que ya tiene tres años. ¡Santo Cristo! ¿Qué va a ser de ella? Cuando entró a la casa a mi perro le dijo angwagwaw. lo tomé como juego. ¿Pero y si no lo es?

Hoy vino en la mañana y mi mamá le enseñó a decir perro. Algo es algo. ¿Pero y lo que no le enseñen? El Domingo su mamá fue a comprar tortillas y ella pensó que la habían abandonado, se puso a llorar y a gritar “maaaaa maaaaa”. Su abuela trató de consolarla pero la niña no entendió. Te parte el corazón.

***

Por fin la vi viendo tele. Ella la educará y la enseñará hablar como en donde vivía, con su sintaxis extranjera y sus abundantísimos “lo siento”, cortesía de los malos traductores de caricaturas. Pero algo es algo. La nuestra ya no es lengua materna (tan mediocre): es lengua televisiva.

La letra china

Cuento glifofílico
(ene-03)

Cuando se escribió la primera receta, o sea hace mucho mucho tiempo en algún lugar de la mística China, se especificó que ese pedazo de tela bicolor debía hervirse con el caldo. Los mares de nubes plateadas con sabor a escama de tiburón y tallarines sin huevo tenían además de un provecho para la panza y un goce para la nariz el molde y patrón de cocinado, que al contenerse en sí mismo pasó a ser solamente un modesto ingrediente. No fue por capricho. El poder de un símbolo que denotaba al mismo tiempo una sola sílaba y una sola palabra y un solo significado (que era a su vez una idea) era grande por su permanencia muy superior a la propia tuya o mía, pues ya ni los nombres de las flores iban a durar tanto. Hoy, uno puede tatuarse de por vida un agua al lado del ombligo de nuestro primer sustento, con los mismos trazos de hace 5000 años, tanto éxito ha tenido el anhelo de dejar un rastro en el mundo al que llegamos quién sabe cómo sin solicitud ni deseo.

Hijo de tantas innumerables casualidades fui ese yo tan accidentado. Que gracias a dos o tres consejos y ocho delitos más o menos horribles me llamé así o asá, dos rimas con catorce sílabas me dieron un beso en el cuello y el polvo encapado en un vidrio me quitó la virginidad. Si el alcance del azar es fuerte el de la letra china es más. No es exageración. Yo siendo un gran pensador autobautizado pienso que la voluntad (aunque netamente biológica, exprésese como se exprésese) es el “gran principio dinámico de la sociedad”, (cosa que, por cierto me da un asco diarreico).

[incompleto]

La bolita de paja

Cuento autobiográfico
(feb-03)

I

Uno de tantos días, no hace mucho, una piruja y un homosexual tuvieron un hijo hecho de estambre. Ambos estaban incapacitados para procrear, uno por gusto y la otra por costumbre, así que adoptaron, cada uno por su lado, a una madejita de hilos enredados unidos por un lazo amarillo, elaborada por un sabio y metafísico dinosaurio. Lo que pasa por el aire de la realidad durante instantes cósmicos, casi siempre, ha pasado antes por le mente de algún ocioso. Estos hilitos blancos fueron en la fantasía pedazos de tierra corriendo por estepas solitarias y secas, o arbustos muertos impulsados por el viento, irónicos, invocados por la triste manifestación de algún comentario de más: “La bolita de paja”.

– Tenemos un hijo – dijo la orgullosa madre.

– Tenemos una hija. – corrigió el marica – Es mi hija, y se llama izta citlali.

Para él, este engendro no era blanco. Era una estrella de sal:

– Blanca, no marina. Blanca.
– Yo quiero casarme vestida de blanco – cantó ella.
– Lo nuestro es un juego, vida. Yo me casaré de negro, aunque no se legalice.

El padre la adoraba. Le dio paseos, la alimentó, le narró cuentos, le quería. Era este objeto inanimado el blanco de toda su paternidad frustrada.

– Lloro porque la quiero mucho.
– Lloras porque no conoces el amor.

Y, ciertamente, ninguno de los dos lo conocía. En esto eran cómplices, lo ambicionaban: querían dárselo, intercambiárselo, si se podía. Lo buscaron en besos, cantos, lenguas (muchas lenguas), sueños y juegos de palabras. Pensaron mucho, y siempre fracasaron. Ahora, él está en su cuarto escribiendo cuentos, ella ya se aburrió de hacerse pendeja sola.

– Yo tuve una hija. La perdí en un camión, un día que llovía y no había pasaje. La tenía en mi barriga, y su madre, que era una mujer fácil, me la encargó. “Quiero verla mañana” me dijo.

– ¿En la prepa? No mames güey estás loco…
– En la prepa de Coyoacán. Un día la raptaron…
– Tus braquets me picaron la lengua… cuatro veces.

Cerró los ojos y abrazó una almohada para tapar su desnudez. Seguro pensó que su hija había venido al mundo solamente para ocupar esos segundos de plática.

II

(abr-03)Meses después estaba el marica ya reformado partiendo boletos y encarando descarados, y para sorpresa suya y nada más suya porque la otra se fue con un otro para fornicar porque era estudiante de medicina y vivía solo con un perro que se deshacía de verlo, encontró a su hija renovada, que si quería nacer en papel porque tiene la superficie donde se pueden marcar gestos, cariños y santas palabras, pudo: Una estrella de cartón, blanca esta vez, nacida en marzo, gracias a uno de tantos alejandros que sí era como él pero no tanto (diferente al de la lengua alambreada), viéndome, esperando, buscando inanimadamente una cruel venganza que se empezó apenas a escribir y de la cual serán ellos testigos bajo el peligro de muerte por capricho y dolor.

III

(jul-03)Dejó de trabajar ahí y dejó de ver al otro alejandro casi diario para ver a otro alejandro también que un día me guiñó el ojo y no supe que hacer, en el nuevo trabajo donde si tenía suerte me pagaban lo doble o lo mitad del anterior, dependía, donde conocí a una niña de un tío secuestrado que hacía testamentos y comía yo comidas corridas sin carne y mucho chile, caliente y picoso que me prendían. Ella me dijo “no te vayas, no seas ojete” yo dije “no, nóme voy namás jugaba”, y se quedaban callados porque decían que hablaba raro, porque ellas no saben que mi lengua materna es el diom, y que así hablo es porque así pienso, que cuando hablo en español estoy como huérfano que dice que no tiene madre si dice algo, y que así veía las cosas y que así salían, no me importaba si sonaba como querían o no. “Pinche mundo surrealista” dijo, yo me reía con mi cara de estúpido (<<estúpido>> significa <<tonto y ridículo>>) con los cachetes inflados y ovales, ella con sus ojos tan sexys y sus senos tan pequeños y varoniles que quise brincarle y lamer uno hasta que sudara, qué calor, mucho tiempo solo, estoy muy urgido porque ya pasaron casi más de siete meses desde el alejandro uno que se oxidaba la lengua, y el alejandro cinco que se apellida aoyama además de tener un apellido del uno no le intereso ya, me frikié, no le he preguntado al maestro qué hacer en esos casos, ya me llevó a un bar gay, me dió miedo, me emborraché, le pasé el mentón por la barba como un perro, pensé “titut… chu? ” y “mishiáuiam” porque no hice lo que quería e hice lo que no, me atormento, afuera está lloviendo, ya tengo que dormir, mañana voy a trabajar otra vez, sin esperar que nadie me haga caso, es tiempo perdido, no voy a fornicar con nadie, y puedo decirlo en cuatro idiomas, y aprendo idiomas para eso, para decir me quiero morir y que todos me entiendan.

IV

Las cosas iban perdiendo su interés. Él había hecho un berrinche, dijo “yáno rregréso” y el sábado no fué, ni el Domingo, si es que se trabajó porque no supo, ni el lunes, hoy es martes y está en su casa comiendo croquetas dulces.

La jefe, Ana, que es el nombre antípodo de alejandro en su mundo achatado, tomaba una cubeta con tantos litros de agua, le vertía unas tres cuatro cajas de Maizena y metía la mano, hacía una mezcla blanca, caliente, ponía su mano frente a nosotros y, con los dedos cubiertos de ese semen frío de maíz, aunque en su mente decía “chupa”, se le oía decir “Necesito que pases tu lengua por estos dedos”, y los muchos setenta y tantos que éramos, íbamos, pero todos lo hacían menos yo. Yo me quejaba, “Nosestándándoatóleconeldédo, ¡compañeros! ” ellos no me hacían tanto caso como los demás superiores que me ficharon de perturbador, necesitaban el dinero, no era tan difícil, podían aguantar más y si nos pagaban las horas extras podíamos salir con la frente enalto, pero hasta el momento no los han dado y solo agachamos la cabeza esperando unos pesos más en el próximo cheque.

¡Súmanse el ombligo! ¡No digan/pongan/tengan malas actitudes hacia sus compañeros/mí! (Y yo esperaba el silencio para decir ¡! Agachones! ) Eso es lo que he estado haciendo, mira, se me ven las costillas, y la cara siempre la sonrío, hasta cuando digo que nos abusan, y por tí, Selfi, y esas amigas nuevas que orinaban en la taza las dos al mismo tiempo y que jugaban a quitarse los vellos púbicos para hacer pactos de hermandad, y que me dieron esa imagen de senos enormes (¡tan diferentes a los tuyos! ) con una canelita en medio, lista para que yo te la quite y me la coma y te burles después de mí.

Me los quité de un tajo. Ya están, inconscientemente, en el proceso de olvidarme, y eso es más que quedarse todo solo. Quisiera volver pero, ya dí la renuncia de honor, Alejandro me despachó cuando forzadamente me dijo “¿has visto a la de captura que… ? ” Yo dije “No güey”, ya, ya no podía. ¿Los empiezo a olvido ahora? Sentiría que esos días de trato donde aprendía algo cada tantas horas fueron inútiles en todos los sentidos.

[incompleto]

La banca

Poema efébico
(29-ago-03)

Voy y vengo, te busco y te sigo.
te acompaño, no te pierdo, voy por donde vas.
Y me ves. Pienso y me interrumpes,
me preguntas algo, y algo te respondo.

Te evito la mirada. Y quiero verte los ojos.
Sigo tus pasos, estamos saliendo.
¿A dónde? A la casa. Tú a la tuya y yo a la mía.
¿No podemos ir a un hotel? lo pienso, pero no lo digo.

Dos semanas de sentarnos cerca. De hablarnos poco.
De ver tus brazos como si viera el suelo.
Te escucho hablar y me deshago. No me hablas a mí.
Como celoso encelo, porque esa lengua es mía.

Faltan unos metros para dividirnos el camino.
Hablo, pero pensando en tiempos y distancias.
No en las clases ni las tareas ni los libros.
Me confesaré, y la determinación me turba la sangre.

Y solo me queda el valor para cubrirme.
Las palabras no van a salir. Ya te dí la mano.
¿Y los ojos? ¿qué te pueden decir mis ojos?
Un mensaje confuso, como el que me estás dando tú.

Acabo regresando a la casa solo y temprano.
Pienso en la enésima revancha y en la victoria final,
En la batalla donde me voy a jugar todo por ti.
Luego me veo en el espejo, y mejor dejo de soñar.

Haiku


Ojos con sangre.
No querrán dormir juntos,
su alma está rota.


Sus garras suenan,
marcha como caballo
cuando camina.


¿De qué moriré?
¿De ya no comer carne?
¡Es muy probable!


Los hombres miden
con rotaciones del sol
sus cumpleaños.


Mi pequeña pris,
no me ves, ni me quieres.
Mi priscilita.


Los caballeros,
si no tienen memoria,
los putos menos.


García Márquez
tocó el hielo santo
como Mahoma


Fue la nostalgia
quien me hizo recordar
lo que pensabas.


Fue la quinta vez,
“Hoy sí tiene que venir”
Pero no llegó.


Mendigué sexo,
y un amigo piadoso
me dió limosna.


¡No te me mueras!
Tu pelo blanco sangra.
Se tiñe un fénix.


Cuando te leí
Sentí tus pensamientos
En mi cabeza.


Perdí mis lentes.
Ya no puedo buscarte,
me quedé ciego.


¿Esperas a alguien?
Sí, si alguien significa
”sea quien sea”.


El yin yang chino
¿Es negro o es blanco?
Es muy bicolor.


Si lo recuerdas
es porque la nostalgia
te ha forzado.


いろいろに
いろいろな語を
習いたい


Ya llegué, mamá.
¿Te digo una brocez?
Se me apestó.


¿Tiene métrica?
¡Ya cualquier pendejada
es un poema!


Vocabulario:
Si entiendes las palabras
entiendes todo.


Hoy sí llegaste
y estamos en el hotel.
¿valdrá la pena?


¿Indiferente?
No quiero verme obvio…
Pero me gustas


Estoy urgido.
También necesitado.
¿Qué no se me ve?


Ese abrazo…
ha sido el más dulce
que he dado jamás.


Cada roce fue
lo más emocionante
que me pasaba


Incesto, droga,
hambre. Casi una niña.
Y un hijo muerto.


Inderrotable.
¿Y si estar con los demás
es estar solo?


No quiero decir
mi frase favorita:
“Me quiero morir”


El patético,
el humillado soy yo:
el inocente.


mira qué reto.
ser tu príncipe azul
si yo soy guinda…


sobre el orgullo:
es mejor que no sobre
y que sí falte.


Lluvia terrible.
¿por qué somos de papel
con acuarela?


Con estos dedos
cuando leo poemas
cuento sílabas


Mamá, me quemé
ya no me vas a querer
con la cicatriz


Konle ti belbronk.
Ljes vje swende zurprinset
Kwan mjes tutrughis


男なら
すごい婆なら
恋できる


No tengo casa,
apenas un nidito
que hice en tu pecho.


¿Para tí que soy?
¿Un simple? ¿Un cagado?
¡Tu incondicional!

Præsens nunc

Cuento onírico
(29-sep-03)

¿Desde cuándo lo busco? No sé ¿Para qué? tampoco. Es un libro valiosísimo, escrito con letras que solo yo se leer: Soy el Indiana Jones lingüístico.

Yo decía que era una aparato mágico porque no podía explicar cómo funcionaba. Uno ponía la mano encima, como en un detector de mentiras, y la máquina añadía la unidad de tu puntaje de conocimiento del árabe o del francés, y luego lo multiplicaba por 1000% para que tu boca, tus oídos, tu cabeza y la mano con la que escribas pudieran entender a cualquier persona o texto extranjero. De él decía que bien era un libro corriente, cuando lo vi la primera vez despastado con las orillas secas y amarillas. Después supe que era la alibralización de un manuscrito más antiguo, de los tiempos de babel, hecho con algodones y lana de cachemira. De él tengo solo una hoja, o más bien, un folio. Recuerdo las clases de catecismo y sé que el don de lenguas lo tuvieron los divinizados cuando la llamita azul de los dibujos les sopló en la oreja el fato del don de lenguas, como el agua que hizo sólido este papel.

Tengo en la cabeza una canción. Es árabe. Al irla cantando reconozco cada palabra, la entiendo por primera vez. La canto en voz alta y los sonidos me salen iguales a la grabación. Me falta la música, voy en un tren escandaloso oscuro y con calor, el metal y los vidrios del tren me aturden y me hacen sudar. Voy al vagón de comida donde todo es de plástico y uno puede ver los platos derritiéndose por la comida, y donde los hielos de los vasos se deshacen tan rápido que el piso siempre está inundado. Exagero.

Hay uno hombre igual a uno de mis maestros. Quiero ir a preguntarle si fue con él con quien me emborraché tanto como para llorarle por falta de amor, pero no, se levanta, me lanza una daga que me atraviesa el hombro, cierro los ojos del dolor y siento que me voy a orinar de miedo y placer, pero veo que huye al la locomotora. Puedo seguirlo. Me saco el cuchillo. Voy desarmado y tengo un brazo inmóvil, pero recuerdo que en este sueño soy ambidiestro y muy fuerte. ¡Eso! se ha pasado al vagón siguiente y ha cerrado con seguro. Sabe lo que busco, y quién soy. Me tiene miedo, y es natural. Siento un frío en la espalda, lo cual es raro. Volteo sabiendo que ay algo atrás de mí, y le arruino la sorpresa a una silla que me descalabra.

Pero no estoy muerto. El maestro me carga y por la ventana me hecha a un río donde seguro hay cocodrilos. ¿O es una catarata? Mi cabeza quiere sentir el vértigo como un sedante o un psicotrópico, y deseo concedido, estoy cayendo en un estruendo líquido con infillones de gotas por días y días y días.

Hay obscuridad, no veo nada, pero el cuerpo se me mueve solo como si lo estuvieran destrozando, como si fuera perdiendo su forma pero sin dejarse romper. Abro los ojos y estoy en una gruta, de pie, bajo una caída de agua. Me avergüenzo y lloro, diluyendo todos mis fluidos con ese pesado hielo fluido.

Este lugar, sí. Hay algo que va a caer del techo. Es un duelo de arena. Un coliseo natural. Preparo mis armas, mis armaduras, tomo elíxires, guardo. Voy a pelear solo. En cualquiera de los siguientes pasos va a empezar la estrepitosa música de viento, y la batalla.

¡Eso! Es un dragón que tiene una parte del libro. Mi folio lo dice. Es el dragón de la tierra, mi elemento. ¿Ya dije que mi arma es una sartén, mi escudo es un morral y mi elixir más poderoso un mazapán de cacahuate? Cuando despierte me lo voy a recriminar.

No describo la batalla. Dos o cuatro golpes mortales, no importa de quién para quién. El dragón me cae encima. Mis sartenazos no son muy efectivos, sus garrazos sí. Levito, me siento de roca. Veo al dragón en el suelo y le caigo como un cometa. Esta técnica se llama 聖神風, pero yo le digo kometto rasshu. El dragón muere, se deshace y obtengo el folio de las lenguas de oriente.

Recuerdo que tengo razones para hacer esto. No las voy a decir. Son muy personales, hasta para mí mismo. Luego sospecho. A esta historia le faltan partes. Los narradores nuevos, primero, hacen una historia complicadísima y muy larga con muchos detalles. Luego quitan pedazos al azar. De lo que queda, se busca que no haya contradicciones. Si no se entiende no importa. Entonces me doy cuenta que no soy yo, soy Serge el de Chorno Cross.

En Nueva Delhi la luna llena. No hay nubes, y el chiflón les lleva a las vacas un olor a pasto que las hace dormir. En Lima el sol empieza a calentar el suelo porque acaba de entrar el verano, la vendedora de flores se quita las chanclas para calentarse los pies. Aquí, el sol a rayazos le avisa a mi cabeza que el sueño ya se tiene que acabar, y el subconsciente (cuidándome del shock) me obliga a pensar en muerte para poder despertar. El muy pendejo no notó que me ha obligado a buscar el pinche libro en la puta vigilia.