¡RAE maligna! ¿Por qué asesinaste a mis acentos?

Existe gente que es muy “espantada” de los cambios (incluso cuando el cambio es para bien, como todos los detractores del horario de verano). En las redes sociales hay quienes por las recientes modificaciones a la ortografía española según la RAE, se ponen como si le hubieran cambiado el nombre a su país. Que nos cambien un poco las reglas saca al paranoico que todos llevamos dentro.

Un “argumento” muy común de los temerosos a los cambios es proyectar esos cambios a absurdos ridículos. Dicen que, por ejemplo, si le quitamos el acento a “sólo”, luego van a quitar todos los acentos, luego todas las haches, luego todos vamos a escribir como emos analfabetas del metroflog y finalmente se nos va a olvidar escribir y al final nos volveremos cazadores seminómadas. Hazme el chingado favor. Algo similar decían los detractores del matrimonio gay: si dejamos que dos hombres se casen, luego van a poder casarse… ¡entre familiares! ¡Y luego con animales! ¡¡¡Y luego la poligamia y la sociedad se va a terminar y Cthulhu despertará de su sueño y nos matará a todos!!! Pero en realidad solo es fatalismo absurdo e ingenuo.

Por esto hago hincapié en 2 puntos:

1. La RAE no obliga a nadie a usar las nuevas reglas. Nadie va a multarte ni a meterte a la cárcel ni a matar a tu familia por decir “i griega” en vez de “ye”. De hecho, por lo general, nos pasamos a la RAE por el arco del triunfo.

2. Las reglas que se cambiaron fueron mínimas (y algunas hasta opcionales). En italiano quitaron la H muda hace mucho y nadie se murió, ni Dante Alighieri salió de su tumba como zombi para regañarnos y comerse nuestro cerebros (sólo se usa en el verbo avere). En contraste, cuando Gabriel García Márquez sugirió tímidamente algo similar, todos se le fueron al cuello.

Es realmente triste que unos nuevos estándares de ortografía (que de hecho son para mejor) nos indignen más que los 30 mil muertos en la lucha contra el narco, o que el 30% de nuestro país viva en pobreza. El que nos sentamos heridos por algo tan trivial como esto nos indica más bien nuestro nivel de mojigatería, lo cual es particularmente preocupante en chavos, que se supone deberían ser más abiertos con los cambios para bien.



Entre nochebuena, noche nueva y buenas noches

Cuando era la suerte quien nos encontraba echados, solía hacerlo en una cama verde del edén que a veces estaba en mi cuarto y a veces en el pasto del jardín frente a la facultad (donde aprendimos a sortear esas esquivas, tramposas enumeraciones), y el tiempo pasaba por encima de nosotros del azul dorado por el sol al rosa algodonado de las nubes, terminando en un opaco obscuro muy sediento de nuestro calor. Al final, su rigidez lúbrica y esmaltada acababa por ceder convulsa ante mi más mínima provocación, y yo me anegaba en el éter que se difundía por todo el interior de mi cintura.

A David le había dicho que para entrar a la familia necesitaba primero pasar la prueba de la cocina, e hizo unos hot-cakes de desayuno cuando mi mamá estaba en Japón, y aunque los hizo con harto amor (con forma de corazón incluso) no nos acabaron de convencer. Memo decía que a él le quedaban "ridículamente esponjosos", pero prefirió hacer quesadillas y una sopa de letras (nuestra sopa más ad hoc). Ese día me prestó Como agua para chocolate y al siguiente ya lo había leído, porque estaba ansioso de que no lo iba a ver hasta el año siguiente (eran finales de diciembre), y ahí leí que un platillo preparado por él me reconfortaría (o eso quise entender). Total que la sopa no me duró nada y, lamentablemente, tampoco fue la última temporada en que no pudo verme por sus compromisos, y acabé consolándome yo solito (sic ) diciéndome que lo que no te desespera te hace más paciente (aunque obvio no fuera cierto). 

Se recibe cascajo de cariño, informes aquí

El otro asunto era el tiempo. Saber que cualquiera de su mutual praising blog circle (ya ni se diga sus amigos del kinder) tenía más derecho de antigüedad que el novio era de las cosas que prefería mejor no pensar, pues así reconocía lo endeble de nuestros lazos (y yo estaba urgido de agarrarme de algo que no fuera el alcohol). Siempre que nos despedíamos tenía ganas de cantarle esa línea de nuestra canción que decía "I need a little more time with you", pero canto muy mal, y lo peor fue que ese no era el mayor problema.

Fuimos a su casa porque su familia iba a salir al cine, pero siempre no salieron y cuando entré su mamá estaba arreglando el arbolito y me llevó a un cuarto según a estudiar anglosajón, su hermana nos llevó palomitas y su papá nos fue a saludar. Yo llevaba en la bolsa de la sudadera un pedazo de pollo que rescaté de la basura de cuando habíamos ido a comer a arquitectura, y me había dicho que mi playera de radiografía (que me había comprado dos días antes) estaba chistosa, y yo le dije que en realidad era un mapa, y señalándome el corazón pintado le dije con mi cara de pendejo "Y usted está AQUÍ".

Un poema

A song for the nights to come


Lend me your life for a while
For I’ll love it from now on
For I’ll chase that naïve faint smile
That gets my mind loose and lost

Quiz my heart with your sad songs
For we’ll whine and hum for long
For we’ll give them some new sense
When you kiss me nude in bed

‘Cause we’ll roll, swing, spin and wind
Two stars who reel in a whirl
Dark and mute but soft and warm
To make a ring in a twist

Since I missed you, got too drunk
With joy notes my heart hadn’t known
Just a love song this boy wrote
When begged for those nights to come

Un pero

Me hubiera gustado que aquellas líneas fueran el primer párrafo de la historia de amor que "comenzábamos a escribir con nuestras vidas", pero (y este primer adversativo era lo que más temía) no podía ser tan sencillo. Nunca nos hubiéramos conformado con esas retahílas de imágenes bonitas (o feas, o chistosas o tristes, o lo que estuviera de moda, lo que te gustaría escuchar), quizá me tragué esa horrible postura de que la parte más interesante de una historia es su crisis. Y eso era lo que no quería, caer en el lugar -la fosa- común. Eso no. No con él.

El Gino nos había juntado de improviso porque tenía su consultorio vacío y tenía muchas ganas de chupar por esa sudamericana que le pegó el acento. Ese día había amanecido con Memo y ‘hacer el amor’ como conejos me había dejado muy cansado y no quería ir, pero como ellos iban a invitar todo pues fui. Antes de ir al hospital por la mamá de Alma me escondí en la cocina para llamarle y preguntarle si estaba cansado él también, y  para decirle que significaba mucho para mí, aprovechando que ya estaba medio pedo, y que eso era lo más lindo que yo podía decirle, que nuestra relación era más que él y yo juntos y lo que sintiéramos por eso, y que esa asociación me encantaba.

18F

Las palabras

De él me enamoraron sus palabras (porque son la voz común de nuestros sentimientos y el puente a mi corazón) y estar prendado de alguien así es todo menos sencillo. Con él, uno se siente bobo de decir ‘te quiero’ porque no existe una
frase más trillada. Sería como llorale al mar una lágrima o sumar ∞ + 1.

Imprimí ese par de renglones antes de salir a la escuela. En la tarde se lo mostré a Michelle (mi novia la borracha) y a Jacob, que nos regaló unas fresas que traía envueltas en una servilleta de papel, justo antes de un espectáculo de danza contemporánea. Les dije que me la habían escrito a mí, pero no me creyeron. Es que yo soy un word juggler, y mi Memo, el vergotas, un dream artist.

juntos

La fuerza del Xiang y las máscaras para el hombre elefante

El Xiang 象 es un ideograma pictográfico que significa y tiene forma de elefante (el trazo de arriba es su trompa). Este caracter es homófono de 像, que significa ‘parecerse‘, ‘verse como‘, y para diferenciarlo tiene agregado (a la izquierda) el radical de persona.

La fuerza del Xiang es aquella que pesa en una persona en forma de su
propia apariencia. Uno puede pretender ser diferente a como es y
disfrazarse, pero la fuerza del Xiang es invencible. Un ejemplo muy
claro del Xiang es el del hombre elefante, en el que a pesar de ser un humano, su apariencia marcó su destino de monstruo.

Uno puede usar mil máscaras para ocultar el Xiang, pero siempre hay
alguien lo suficientemente sensitivo para darse cuenta de lo que uno
parece en realidad.

Non mi lasci solo, o el apego y la soledad

Estuve tejiendo lazos -contigo, con un millón de gente-, y mira, son
frágiles, el entramado es sencillo…  Son como cordones
umbilicales, they feed my soulshinanaide no tame ni–     ¿Ves? Lloro como recién nacido cuando lo separan d su madre,

 [women bu yiqi de shihou
la viaj memoroj estas kiel alumeteto, kiu varmas miaj malvarmaj manoj]

quis nun ex aere animum tollet

para aunque sea

nicnotlazohtlalizicnopilhuiliz zan tepitzin…