La letra china

Cuento glifofílico
(ene-03)

Cuando se escribió la primera receta, o sea hace mucho mucho tiempo en algún lugar de la mística China, se especificó que ese pedazo de tela bicolor debía hervirse con el caldo. Los mares de nubes plateadas con sabor a escama de tiburón y tallarines sin huevo tenían además de un provecho para la panza y un goce para la nariz el molde y patrón de cocinado, que al contenerse en sí mismo pasó a ser solamente un modesto ingrediente. No fue por capricho. El poder de un símbolo que denotaba al mismo tiempo una sola sílaba y una sola palabra y un solo significado (que era a su vez una idea) era grande por su permanencia muy superior a la propia tuya o mía, pues ya ni los nombres de las flores iban a durar tanto. Hoy, uno puede tatuarse de por vida un agua al lado del ombligo de nuestro primer sustento, con los mismos trazos de hace 5000 años, tanto éxito ha tenido el anhelo de dejar un rastro en el mundo al que llegamos quién sabe cómo sin solicitud ni deseo.

Hijo de tantas innumerables casualidades fui ese yo tan accidentado. Que gracias a dos o tres consejos y ocho delitos más o menos horribles me llamé así o asá, dos rimas con catorce sílabas me dieron un beso en el cuello y el polvo encapado en un vidrio me quitó la virginidad. Si el alcance del azar es fuerte el de la letra china es más. No es exageración. Yo siendo un gran pensador autobautizado pienso que la voluntad (aunque netamente biológica, exprésese como se exprésese) es el “gran principio dinámico de la sociedad”, (cosa que, por cierto me da un asco diarreico).

[incompleto]

La bolita de paja

Cuento autobiográfico
(feb-03)

I

Uno de tantos días, no hace mucho, una piruja y un homosexual tuvieron un hijo hecho de estambre. Ambos estaban incapacitados para procrear, uno por gusto y la otra por costumbre, así que adoptaron, cada uno por su lado, a una madejita de hilos enredados unidos por un lazo amarillo, elaborada por un sabio y metafísico dinosaurio. Lo que pasa por el aire de la realidad durante instantes cósmicos, casi siempre, ha pasado antes por le mente de algún ocioso. Estos hilitos blancos fueron en la fantasía pedazos de tierra corriendo por estepas solitarias y secas, o arbustos muertos impulsados por el viento, irónicos, invocados por la triste manifestación de algún comentario de más: “La bolita de paja”.

– Tenemos un hijo – dijo la orgullosa madre.

– Tenemos una hija. – corrigió el marica – Es mi hija, y se llama izta citlali.

Para él, este engendro no era blanco. Era una estrella de sal:

– Blanca, no marina. Blanca.
– Yo quiero casarme vestida de blanco – cantó ella.
– Lo nuestro es un juego, vida. Yo me casaré de negro, aunque no se legalice.

El padre la adoraba. Le dio paseos, la alimentó, le narró cuentos, le quería. Era este objeto inanimado el blanco de toda su paternidad frustrada.

– Lloro porque la quiero mucho.
– Lloras porque no conoces el amor.

Y, ciertamente, ninguno de los dos lo conocía. En esto eran cómplices, lo ambicionaban: querían dárselo, intercambiárselo, si se podía. Lo buscaron en besos, cantos, lenguas (muchas lenguas), sueños y juegos de palabras. Pensaron mucho, y siempre fracasaron. Ahora, él está en su cuarto escribiendo cuentos, ella ya se aburrió de hacerse pendeja sola.

– Yo tuve una hija. La perdí en un camión, un día que llovía y no había pasaje. La tenía en mi barriga, y su madre, que era una mujer fácil, me la encargó. “Quiero verla mañana” me dijo.

– ¿En la prepa? No mames güey estás loco…
– En la prepa de Coyoacán. Un día la raptaron…
– Tus braquets me picaron la lengua… cuatro veces.

Cerró los ojos y abrazó una almohada para tapar su desnudez. Seguro pensó que su hija había venido al mundo solamente para ocupar esos segundos de plática.

II

(abr-03)Meses después estaba el marica ya reformado partiendo boletos y encarando descarados, y para sorpresa suya y nada más suya porque la otra se fue con un otro para fornicar porque era estudiante de medicina y vivía solo con un perro que se deshacía de verlo, encontró a su hija renovada, que si quería nacer en papel porque tiene la superficie donde se pueden marcar gestos, cariños y santas palabras, pudo: Una estrella de cartón, blanca esta vez, nacida en marzo, gracias a uno de tantos alejandros que sí era como él pero no tanto (diferente al de la lengua alambreada), viéndome, esperando, buscando inanimadamente una cruel venganza que se empezó apenas a escribir y de la cual serán ellos testigos bajo el peligro de muerte por capricho y dolor.

III

(jul-03)Dejó de trabajar ahí y dejó de ver al otro alejandro casi diario para ver a otro alejandro también que un día me guiñó el ojo y no supe que hacer, en el nuevo trabajo donde si tenía suerte me pagaban lo doble o lo mitad del anterior, dependía, donde conocí a una niña de un tío secuestrado que hacía testamentos y comía yo comidas corridas sin carne y mucho chile, caliente y picoso que me prendían. Ella me dijo “no te vayas, no seas ojete” yo dije “no, nóme voy namás jugaba”, y se quedaban callados porque decían que hablaba raro, porque ellas no saben que mi lengua materna es el diom, y que así hablo es porque así pienso, que cuando hablo en español estoy como huérfano que dice que no tiene madre si dice algo, y que así veía las cosas y que así salían, no me importaba si sonaba como querían o no. “Pinche mundo surrealista” dijo, yo me reía con mi cara de estúpido (<<estúpido>> significa <<tonto y ridículo>>) con los cachetes inflados y ovales, ella con sus ojos tan sexys y sus senos tan pequeños y varoniles que quise brincarle y lamer uno hasta que sudara, qué calor, mucho tiempo solo, estoy muy urgido porque ya pasaron casi más de siete meses desde el alejandro uno que se oxidaba la lengua, y el alejandro cinco que se apellida aoyama además de tener un apellido del uno no le intereso ya, me frikié, no le he preguntado al maestro qué hacer en esos casos, ya me llevó a un bar gay, me dió miedo, me emborraché, le pasé el mentón por la barba como un perro, pensé “titut… chu? ” y “mishiáuiam” porque no hice lo que quería e hice lo que no, me atormento, afuera está lloviendo, ya tengo que dormir, mañana voy a trabajar otra vez, sin esperar que nadie me haga caso, es tiempo perdido, no voy a fornicar con nadie, y puedo decirlo en cuatro idiomas, y aprendo idiomas para eso, para decir me quiero morir y que todos me entiendan.

IV

Las cosas iban perdiendo su interés. Él había hecho un berrinche, dijo “yáno rregréso” y el sábado no fué, ni el Domingo, si es que se trabajó porque no supo, ni el lunes, hoy es martes y está en su casa comiendo croquetas dulces.

La jefe, Ana, que es el nombre antípodo de alejandro en su mundo achatado, tomaba una cubeta con tantos litros de agua, le vertía unas tres cuatro cajas de Maizena y metía la mano, hacía una mezcla blanca, caliente, ponía su mano frente a nosotros y, con los dedos cubiertos de ese semen frío de maíz, aunque en su mente decía “chupa”, se le oía decir “Necesito que pases tu lengua por estos dedos”, y los muchos setenta y tantos que éramos, íbamos, pero todos lo hacían menos yo. Yo me quejaba, “Nosestándándoatóleconeldédo, ¡compañeros! ” ellos no me hacían tanto caso como los demás superiores que me ficharon de perturbador, necesitaban el dinero, no era tan difícil, podían aguantar más y si nos pagaban las horas extras podíamos salir con la frente enalto, pero hasta el momento no los han dado y solo agachamos la cabeza esperando unos pesos más en el próximo cheque.

¡Súmanse el ombligo! ¡No digan/pongan/tengan malas actitudes hacia sus compañeros/mí! (Y yo esperaba el silencio para decir ¡! Agachones! ) Eso es lo que he estado haciendo, mira, se me ven las costillas, y la cara siempre la sonrío, hasta cuando digo que nos abusan, y por tí, Selfi, y esas amigas nuevas que orinaban en la taza las dos al mismo tiempo y que jugaban a quitarse los vellos púbicos para hacer pactos de hermandad, y que me dieron esa imagen de senos enormes (¡tan diferentes a los tuyos! ) con una canelita en medio, lista para que yo te la quite y me la coma y te burles después de mí.

Me los quité de un tajo. Ya están, inconscientemente, en el proceso de olvidarme, y eso es más que quedarse todo solo. Quisiera volver pero, ya dí la renuncia de honor, Alejandro me despachó cuando forzadamente me dijo “¿has visto a la de captura que… ? ” Yo dije “No güey”, ya, ya no podía. ¿Los empiezo a olvido ahora? Sentiría que esos días de trato donde aprendía algo cada tantas horas fueron inútiles en todos los sentidos.

[incompleto]

La banca

Poema efébico
(29-ago-03)

Voy y vengo, te busco y te sigo.
te acompaño, no te pierdo, voy por donde vas.
Y me ves. Pienso y me interrumpes,
me preguntas algo, y algo te respondo.

Te evito la mirada. Y quiero verte los ojos.
Sigo tus pasos, estamos saliendo.
¿A dónde? A la casa. Tú a la tuya y yo a la mía.
¿No podemos ir a un hotel? lo pienso, pero no lo digo.

Dos semanas de sentarnos cerca. De hablarnos poco.
De ver tus brazos como si viera el suelo.
Te escucho hablar y me deshago. No me hablas a mí.
Como celoso encelo, porque esa lengua es mía.

Faltan unos metros para dividirnos el camino.
Hablo, pero pensando en tiempos y distancias.
No en las clases ni las tareas ni los libros.
Me confesaré, y la determinación me turba la sangre.

Y solo me queda el valor para cubrirme.
Las palabras no van a salir. Ya te dí la mano.
¿Y los ojos? ¿qué te pueden decir mis ojos?
Un mensaje confuso, como el que me estás dando tú.

Acabo regresando a la casa solo y temprano.
Pienso en la enésima revancha y en la victoria final,
En la batalla donde me voy a jugar todo por ti.
Luego me veo en el espejo, y mejor dejo de soñar.

Haiku


Ojos con sangre.
No querrán dormir juntos,
su alma está rota.


Sus garras suenan,
marcha como caballo
cuando camina.


¿De qué moriré?
¿De ya no comer carne?
¡Es muy probable!


Los hombres miden
con rotaciones del sol
sus cumpleaños.


Mi pequeña pris,
no me ves, ni me quieres.
Mi priscilita.


Los caballeros,
si no tienen memoria,
los putos menos.


García Márquez
tocó el hielo santo
como Mahoma


Fue la nostalgia
quien me hizo recordar
lo que pensabas.


Fue la quinta vez,
“Hoy sí tiene que venir”
Pero no llegó.


Mendigué sexo,
y un amigo piadoso
me dió limosna.


¡No te me mueras!
Tu pelo blanco sangra.
Se tiñe un fénix.


Cuando te leí
Sentí tus pensamientos
En mi cabeza.


Perdí mis lentes.
Ya no puedo buscarte,
me quedé ciego.


¿Esperas a alguien?
Sí, si alguien significa
”sea quien sea”.


El yin yang chino
¿Es negro o es blanco?
Es muy bicolor.


Si lo recuerdas
es porque la nostalgia
te ha forzado.


いろいろに
いろいろな語を
習いたい


Ya llegué, mamá.
¿Te digo una brocez?
Se me apestó.


¿Tiene métrica?
¡Ya cualquier pendejada
es un poema!


Vocabulario:
Si entiendes las palabras
entiendes todo.


Hoy sí llegaste
y estamos en el hotel.
¿valdrá la pena?


¿Indiferente?
No quiero verme obvio…
Pero me gustas


Estoy urgido.
También necesitado.
¿Qué no se me ve?


Ese abrazo…
ha sido el más dulce
que he dado jamás.


Cada roce fue
lo más emocionante
que me pasaba


Incesto, droga,
hambre. Casi una niña.
Y un hijo muerto.


Inderrotable.
¿Y si estar con los demás
es estar solo?


No quiero decir
mi frase favorita:
“Me quiero morir”


El patético,
el humillado soy yo:
el inocente.


mira qué reto.
ser tu príncipe azul
si yo soy guinda…


sobre el orgullo:
es mejor que no sobre
y que sí falte.


Lluvia terrible.
¿por qué somos de papel
con acuarela?


Con estos dedos
cuando leo poemas
cuento sílabas


Mamá, me quemé
ya no me vas a querer
con la cicatriz


Konle ti belbronk.
Ljes vje swende zurprinset
Kwan mjes tutrughis


男なら
すごい婆なら
恋できる


No tengo casa,
apenas un nidito
que hice en tu pecho.


¿Para tí que soy?
¿Un simple? ¿Un cagado?
¡Tu incondicional!

Præsens nunc

Cuento onírico
(29-sep-03)

¿Desde cuándo lo busco? No sé ¿Para qué? tampoco. Es un libro valiosísimo, escrito con letras que solo yo se leer: Soy el Indiana Jones lingüístico.

Yo decía que era una aparato mágico porque no podía explicar cómo funcionaba. Uno ponía la mano encima, como en un detector de mentiras, y la máquina añadía la unidad de tu puntaje de conocimiento del árabe o del francés, y luego lo multiplicaba por 1000% para que tu boca, tus oídos, tu cabeza y la mano con la que escribas pudieran entender a cualquier persona o texto extranjero. De él decía que bien era un libro corriente, cuando lo vi la primera vez despastado con las orillas secas y amarillas. Después supe que era la alibralización de un manuscrito más antiguo, de los tiempos de babel, hecho con algodones y lana de cachemira. De él tengo solo una hoja, o más bien, un folio. Recuerdo las clases de catecismo y sé que el don de lenguas lo tuvieron los divinizados cuando la llamita azul de los dibujos les sopló en la oreja el fato del don de lenguas, como el agua que hizo sólido este papel.

Tengo en la cabeza una canción. Es árabe. Al irla cantando reconozco cada palabra, la entiendo por primera vez. La canto en voz alta y los sonidos me salen iguales a la grabación. Me falta la música, voy en un tren escandaloso oscuro y con calor, el metal y los vidrios del tren me aturden y me hacen sudar. Voy al vagón de comida donde todo es de plástico y uno puede ver los platos derritiéndose por la comida, y donde los hielos de los vasos se deshacen tan rápido que el piso siempre está inundado. Exagero.

Hay uno hombre igual a uno de mis maestros. Quiero ir a preguntarle si fue con él con quien me emborraché tanto como para llorarle por falta de amor, pero no, se levanta, me lanza una daga que me atraviesa el hombro, cierro los ojos del dolor y siento que me voy a orinar de miedo y placer, pero veo que huye al la locomotora. Puedo seguirlo. Me saco el cuchillo. Voy desarmado y tengo un brazo inmóvil, pero recuerdo que en este sueño soy ambidiestro y muy fuerte. ¡Eso! se ha pasado al vagón siguiente y ha cerrado con seguro. Sabe lo que busco, y quién soy. Me tiene miedo, y es natural. Siento un frío en la espalda, lo cual es raro. Volteo sabiendo que ay algo atrás de mí, y le arruino la sorpresa a una silla que me descalabra.

Pero no estoy muerto. El maestro me carga y por la ventana me hecha a un río donde seguro hay cocodrilos. ¿O es una catarata? Mi cabeza quiere sentir el vértigo como un sedante o un psicotrópico, y deseo concedido, estoy cayendo en un estruendo líquido con infillones de gotas por días y días y días.

Hay obscuridad, no veo nada, pero el cuerpo se me mueve solo como si lo estuvieran destrozando, como si fuera perdiendo su forma pero sin dejarse romper. Abro los ojos y estoy en una gruta, de pie, bajo una caída de agua. Me avergüenzo y lloro, diluyendo todos mis fluidos con ese pesado hielo fluido.

Este lugar, sí. Hay algo que va a caer del techo. Es un duelo de arena. Un coliseo natural. Preparo mis armas, mis armaduras, tomo elíxires, guardo. Voy a pelear solo. En cualquiera de los siguientes pasos va a empezar la estrepitosa música de viento, y la batalla.

¡Eso! Es un dragón que tiene una parte del libro. Mi folio lo dice. Es el dragón de la tierra, mi elemento. ¿Ya dije que mi arma es una sartén, mi escudo es un morral y mi elixir más poderoso un mazapán de cacahuate? Cuando despierte me lo voy a recriminar.

No describo la batalla. Dos o cuatro golpes mortales, no importa de quién para quién. El dragón me cae encima. Mis sartenazos no son muy efectivos, sus garrazos sí. Levito, me siento de roca. Veo al dragón en el suelo y le caigo como un cometa. Esta técnica se llama 聖神風, pero yo le digo kometto rasshu. El dragón muere, se deshace y obtengo el folio de las lenguas de oriente.

Recuerdo que tengo razones para hacer esto. No las voy a decir. Son muy personales, hasta para mí mismo. Luego sospecho. A esta historia le faltan partes. Los narradores nuevos, primero, hacen una historia complicadísima y muy larga con muchos detalles. Luego quitan pedazos al azar. De lo que queda, se busca que no haya contradicciones. Si no se entiende no importa. Entonces me doy cuenta que no soy yo, soy Serge el de Chorno Cross.

En Nueva Delhi la luna llena. No hay nubes, y el chiflón les lleva a las vacas un olor a pasto que las hace dormir. En Lima el sol empieza a calentar el suelo porque acaba de entrar el verano, la vendedora de flores se quita las chanclas para calentarse los pies. Aquí, el sol a rayazos le avisa a mi cabeza que el sueño ya se tiene que acabar, y el subconsciente (cuidándome del shock) me obliga a pensar en muerte para poder despertar. El muy pendejo no notó que me ha obligado a buscar el pinche libro en la puta vigilia.

El tapanco

Poema ninfofálico
(ene-03)

Sobre dos centímetros de madera,
(Que estaban a más altura que la mía)
filtramos partes y rayos, ayer,
en un cuadrado donde éramos el centro.

Tu sudor fue bálsamo de hiel,
(Glorificador, preciado, santo,
Tu saliva, miel dulcísima, sin la mía.)
Tus pies y la música, eran enormes.

Hubo una quijada sangrando, caliente,
dos manos de cinco dedos cada una,
y una cabeza que se mecía rota,
(Ahí sí supe cómo llegar solo.)

(El sol salió, yo desperté después.)
Salí a conseguir lo que siempre he tenido,
El querer estar regresó conmigo
La mitad de mis tres cuartos de vida.

Ya son dos semanas,
que son como medio siglo.
Ahora él está en la playa,
y yo, haciéndome el dormido.

El burro

Cuento oligofrénico
(17-feb-03)

(Este relato lo escribo basado en la noticia garciamarquezca: se relata por el placer de relatar. )

No, no sé Esperanto, puro fantoche, pura pantalla. De hecho yo soy la mismísima reencarnación del burro de la flauta:

Desde burrico perseguí la fama y el buen nombre para la famosísima casta de mi finísimo linaje de los Pardos, frente a las Escarlatas gallinas de huevos cuadrados y los Albinos azabaches con ojos de obsidiana. Mi mamá burra decía que en el mundo (mundo era una palabra que según recuerdo de mi papá burrote significaba “todo lo que se apoya sobre el suelo, sea planta sea cosa o seas tú”) existían otros ranchos donde había otros burros como nosotros, que daban leche, cargaban alforjas y tenían mulitas con las yeguas, en fin, igualitos que nosotros con la variedad que no eran nosotros y por lo mismo no compartiéramos el apellido, ya si no el color.

“Uno no come para cargar o para dar leche, se da leche y se carga para vivir, y se vive para hacerse de cosas, y lo mejor de lo que se puede hacer un asno de categoría es conseguirse gloria, que no es como la avena que se pudre cuando hay humedad y que ya no sirve, y que no se guarda ni para uno ni para nada más sino la tierra que bien pudo obtenerla como deshechos. ” Decía mi sabísimo padre el burrote, recalcando que “la gloria da poder, da confianza, da vida, es algo pues que se nutre de sí mismo. Hijo, esta es la más grande herencia que puede dársele al vástago. Esfuérzate pues y vive para aprender para que tu nombre se marque en la historia, que por no poder comerse es eterna. ”

Más no supo decirme cómo hacerle. Ya estaba dejándome vencer, mas el atinado razocinio de mi madre me dio pistas. “En el pueblo donde los señores me fueron a comprar se hablaba mucho de tu padre. Cada vez que nos visitaba para hacer mamá a alguna burra joven y lista para tener burritos íbamos todas a preguntar qué tal, cómo te fue, qué pasó, qué hacen, no entiendo, a ver otra vez cómo estuvo eso. Las dejó, más bien nos dejó desconcertadas, imagínate. ” Yo ya sabía que tenía algunos hermanos burros bastardos por ahí y por allá, algunos en lugares donde tanta lluvia había hecho charcos tan grandes que se perdían a la vista, y el agua se había peleado con la tierra volviéndola polvo amarillo y esta aunque más movible quedaba píerrica salándose, pero yo era el que nació en la casa de los dueños y eso hizo a mi mamá la oficial incluso antes que las caballas y sus engendros del de moño.

¿Esa era la fama que quería mi padre burro? Eso yo no lo puedo hacer, al simiental lo escogen los señores, y como no soy ellos no puedo hacer nada. Entonces fui buscándole y le pregunté a mi amigo el hijo del cuidador. “Vi una película de un puerco que cuidaba ovejas, eso lo hizo muy famoso”. Eso tampoco se podía, nosotros solo teníamos ovejas cuando era el cumpleaños del hijo del patrón y la enterraban en la tierra, como los animales de la casa que no se comen, pero calentaban la tierra, la desenterraban y se le comían elegantemente en platos y con cubetitas transparentes para el agua que caben en una mano. Además ya lo habían hecho, aunque eso sí, sería muy emocionante que yo, Pardillo de la Cabeza Alrabo fuera el primer burro ovejero de esta estrella fría de lodo seco que llamamos planeta.

Era cuestión de copiarle a alguna raza inferior algún logro. Mi mamá me contó un cuento de un pato hablador que era algo silvestre y montaraz cimarrón que sabía entenderles igual a los patos de las montañas, bosques y ríos, y se decía polípato. Yo no podía volar de aquí a allá para aprender a rebuznar como los parientes de ranchos ricos y pobres y citadinos y de la ciudad, pero si llegaba a hacerlo se me daría más mérito. Entonces unos piojitos me dijeron que me enseñarían a hablar como los burros de litalia de lafrans de la España y del Monterrey de príncipes y princesas si les daba un poquitito de mi sangre y casa para sus piojitos bebés, y bueno uno ha de invertir en el conosicimiento porque la letra por la sangre se sale.

Yo no lo sabía, pero los piojitos tienen un sistema de educación y una memoria más eficiente que la de las personas. Muchos de ellos heredaron de sus progenitores la lengua universal de Babilonia, la mitológica lengua na-na, que según ellos sus sabios lingüistas piojitos del siglo 19 era origen de todos los idiomas que han existido. Otros se interesaron más en la migración y las relaciones internacionales y aprendieron las formas de hablar de varios grupitos de humanos, educándose en un larguísimo catálogo del cual podría escoger el idioma que me gustara más.

Me dijeron que si quieres ser un culto burrito estudia la latina o la jelena, son muy populares entre los estudiantes del oeste que también aprendían fgasé, litaliano y doich, o el inglish que es el idioma oficial del imperio de occidental, o los idiomas raros del oriente si quería verme interesante, como el muy hablado janiú (también conocido como chonuen o algo así) o el difícil ni jongo, el algarabía que estaba muy de más porque nadie quiere burritos cuando hay camellos o las más raras que son las que unas personas inventaron para que todo el mundo usara y todos pudieran hablar con todos, pero la mayoría de la gente prefería hablar mal de ellas antes que aprenderlas y se negaban a no usar sienpre la lengua madre de su madre por la de otra madre que ni siquiera es de uno.

Escogí el nagualatole pero me arrepentí porque burro se dice poloko y yo no estoy loco, no escogí elilatiano porque a la grasa de leche le dicen burro y al burro le dicen ásino, y asino quiero que me digan, en inglish se dice donki y si fuera grande mi mamá burra me diría donki hijote y Cervantes no era un burro con entendimiento, y en ni joronngo se dice literariamente caballo conejesco y eso suena mas bien a una vulgarcísima mula aberración de la naturaleza del pecado original. Al final escogí el haníu (burro se dice lii) pero no pude aprender, a los burros nos cuesta más trabajo aprender namás por aprender.

Un pajarito llamado flautero me contó que en un viaje a las islas canarias para conocer canarias escuchó hablar de un habilísimo y arrogante burro catalán que ya dominaba el haniú, y que hasta había traducido para su círculo de intelectuales ásnidos un libro de poemas logrando una increíble rima que catalanizó lo más chino que lo chino. “Pobres chinitos. Otras naciones ya les robaron los espaghetis, las piñatas, el té, la papiroflexia, la caligrafía, la imprenta de tipos, el vegetarianismo, la tortura y ahora los poemas… oye, ¿me estás oyendo? ”

De la tristeza que medio enrociné, e guardabo (como decía esa pulguita Toscana) la belísima luna. Hasta me hicieron una canción sobre esto, con todo y que me creyeron enamorado y me cambiaron la especie.

También me enteré que los burros en contraparte con la tesquedad de las mulas tenían una larguísima tradición filosofista. Se dice que fuen un burro el primer ser vivo que pensó (porque no nos descartó Descartes de la esistencia eso de que si pienso entonces existo, porque nosotros como hablamos poco entonces ergo pensamos y existimos más) en el origen de la tela y del mecate, basándonos en la tesis de la del hilo, prograsándonos yendo algunos más lejos lineando piedras de collares, carros de ferrocarril y estrellas para dibujar constelaciones y hacer un adorno cósmico griego universal cual bola entre las bolas de estambres.

Me volví entonces un bohemio, pues así es como dicen que empezamos yo y los demás nosotros los intelectuales diestros de izquierda, me dieron a entender que es importantísimo hacerse íntimo del burro que salió en aquella película o aquél que en lugar de decir &«llegar&» dice &«hacer arrivación&» y de aquella hija de ese burro que tenía de dueño al editor de biblias o ese mulo maricón que pinta en yeso tan bonito, y me uní al REBURRE (revolucionistas burriles reunidos), asociación joven de burros revolucionarios, cuyo líder era un puerco que se renovaba cada vez que en la casa había antojo de chicharrón prensado. Me di cuenta que era muy intelectual para estar con compañeros de tan poca modestía y abandoné para desgracia del mundo burril mi prometedora revolución cosmovisionista.

Hasta entonces, aunque el método (o la respuesta, no sé) estuvo frente a mi nariz tanto, tanto tiempo. Era el arte. Un arte que no da explicaciones, del cual críticos cual parásitos podían destrozarlo, hacerlo jirones y hacerlo trapeador, pura envidia, y el artista burro intumbable porque el artista no está para dar razones, es un hijo del cielo que con su locura da a nosotros los mortales un pedazo de paraíso. Por supuesto, la forma más fácil de buscarse la fama. El truco está en nunca dejar de ser creativo.
[incompleto]

***Por eso cuando me preguntan porqué se hacer tan bien tanta fantochada wanabista recalco que soy yo la mismísima reencarnación del burro de la flauta, para gloria y honra del ya difunto mí mismo.

Borrachazos

(8-nov-03)

Cada pequeño roce fue una invitación amable al desate de pasión. Pasaste el dorso de los dedos por mi oreja mientras sacaba del pecho un suspiro asustado. Tus enormes pupilas de gato se habrían encogido de poderlas ver, como si la pasión se estuviera escurriendo por la mirada.

***
(30-dic-03)Ya habíamos concordado en mantenerme dentro el círculo que formaban sus brazos, (ciego, ahogándome en sopor), en recargar su quijada sobre mi hombro y en simular ser más corto pegando mi oído a su pecho cuando la situación nos encontrara tirados, juntos y con sueño.

***
(14-feb-04)Un brazo invisible y mudo puso la antecara del codo en mi cintura. Estaba hecho de ese líquido flamable que en ambiente se vuelve vapor dulce, que se siente pero no se puede acariciar. Hemos empapado las cobijas en todo ese sudor…

***
(17 -feb-o4)Pasé mi lengua del talón a la punta por el arco de ese delgado pie de muchacho (mucho más largo que mi cara), y sintió que por mucho que intentara contener la risa, la entrepierna iba a explotarle, inevitablemente.

Asesinato en Juárez

Cuento verídico

Así hoy mataron a alguien y mañana ya no te acuerdas
esa semana que nosotros vimos a nuestra hija desaparecida
me di cuenta que no iba a trabajar tiempo extra  que no estaba con sus amistadas yo dije a lo mejor la atropellaron
pero no quería aceptar la realidad de lo que viví mi corazón se negaba a aceptar      y sabíamos que si ella hubiera decidido
cuando la reportamos desaparecida  pues ciertas leyes tardan para empezar a buscar
ellos decían que no les correspondían están matando a alguien   de muy mala gana el tipo a la media hora, cuando vi que no llegaba nadie me contestó el estúpido y me preguntó
ese día llegamos temprano, y como ya no volvimos a buscar más
era el horario del noticiero y vamos llegando a la casa una vecina y le dijo  a mi mamá pero acaba de salir en la tv que acaban de encontrar a una muchacha con las características de Alejandra, llama para que preguntes   para una televisora preguntar y yo me quedé con ella    tenía la misma estatura, el mismo peso cuando de repente        fue un trancazo muy fuerte cuando llego a la casa era mi mamá que estaba en el suelo y le digo a mí mamá que pasa, hija, no
no se a ver quién y cuando yo contesté le dijeron vamos, pero a dónde, qué pasó que había hablado por teléfono un hombre que había dicho le hablo por teléfono.

Ápatos y su Dios

Cuento patético
(jul-01)

I

Ápatos había terminado su investigación. Tenía la edad en la que el mundo adquiría sentido, cuando se comienza a sentir que no se vivirá lo suficiente. Memorizaba las fórmulas y procedimientos para crear bucles y condicionales simples. En la profundidad de su existencia, aquélla parte de cada uno que lo sabe todo (pero siempre se muestra indiferente) conocía que aquello era inútil. Al igual que yo. Sentía que su mente podía creer situaciones inalcanzables. Pero no le encontró ninguna utilidad. Era demasiado ocioso. Lo suficiente para pensar en algo tan inservible.

– ¡La sociedad me da asco!

Nadie lo escuchó.

– Son capaces de… Somos capaces de… ¡Hacer lo imposible para huir de la frustración! Vivir… matar… vivir mal, matarse mal… muchos ni siquiera tienen el valor…

Ni siquiera él sabía si estaba llorando. Sólo él supo de esa noche, y de su lamentación.

– Incluyéndome.

Caminando, como pudo, llegó a una esquina triste. Cayó, y su cuerpo quedó lleno de ira hacia él mismo. Su estómago le dolía un poco menos que la cabeza.

– ¿Estoy muriendo?

Y se quedó dormido.

Soñó que nadaba en un mar tibio y respirable, donde el agua salada no irritaba su piel. Con solo pensar en dejarse caer, su cuerpo (que era el mar mismo) se dejaba deslizar suavemente hacia el fondo. Al mismo tiempo escuchaba la melodía interpretada por aquélla linda señorita y su tambor, su bon-bon.

¿Alguna vez has sentido cómo esos gratos sonidos entran en tu oído y se quedan en tu alma? Como si el viento se callara para que los pruebes con el corazón y con las manos, ambas manos, en ambos ojos.

La niña de ojos hermosos, que hablaba un idioma extraño que ni tú ni nadie entendía. Cuando la recuerdo, ella sigue cantando, más viva que yo. Tal vez hablaba de las flores, de la nieve, o de su dios.

– ¿Cómo puede algo que no entiendo ser tan hermoso?

Juntó sus rodillas en el suelo, escondió sus ojos con la sombra proveniente de una vela con una luz sin origen, sin causa, sentido o existencia.

– El problema es que aspiro a demasiado…

BON – BON – BON

Cada golpe era un deseo de tener la fuerza o la locura suficiente para recordar cada sonido y nunca olvidarlo, pues durante todo lo que lleva de vida, y lo que vivirá, nunca ha sentido una compañía tan tierna.

– Tú eres la Niña Efímera, la Niña del Bien, la Niña de la Esperanza, La Niña Mística. Tu tambor es el bon-bon del Tiempo, que también es constante, y yo soy el Humano más Humano del Mundo.

¿Recuerdas lo que te dio esa niña? Te pidió que te inclinaras, y lo hiciste, escondite tus ojos en la sombra absoluta y recibiste un beso en la mejilla. Ese día conociste que entendían el lenguaje de los besos, la Niña Mística te dio a entender con aquel gesto la torpeza de hablarle en un idioma que no entendía, y también el agradecimiento notable en tu cara.

Fue donde ella y tú aprendieron a comunicarse sin hablar. Ella era demasiado joven, tú demasiado insensible. Nunca la viste de nuevo. Se fue con la feria de Marzo. Te dejó con una melodía, un beso, un sentimiento y un recuerdo que implicaban demasiado. Con ella, tu frustración se volvió esperanza. Y también viceversa.

Ápatos nunca recibió unos regalos tan especiales. Aunque era pequeño, inexperto e idiota, sabía que lo especial de un regalo no era el objeto material (que a fin de cuentas, desaparecería algún día, tal vez por el tiempo, o quizá por el olvido), sino lo que se daba junto a él, algo muy cercano a la vida misma.

Y él sólo le dio, a cambio, una triste moneda, de dos pesos, todo el dinero que tenía.

– ¿Tú me quieres? ¿Mamá?

Ápatos tenía que doblar su cuello hacia atrás. Sólo así podía ver el mentón de su madre.

– Más de lo que crees, hijo.

El niño abrazó fuerte las piernas de Angustias.

– ¿Por qué me mientes? ¿Mamá?

Ella no sabía que el objetivo de esa plática era conseguir una moneda. Él quería una monedita mediana, brillante.

– ¿Para qué quieres tú una moneda?

Le dio un bote de helado, lleno de varias moneditas revueltas con botones.

– Para convertirla en la monedita más triste del mundo.
– Y cambiar el destino, o algo así, ¿no? …

Ápatos eligió la moneda más sucia.

– No seas ridícula, mamá.

La limpió por horas, por días, y por años. Se preguntó, durante su larga espera, si habría vida para él después de que la moneda fuera entregada a su próximo dueño o dueña. No sabía, no tenía la más remota idea de lo que obtendría a cambio. Su conciencia es de las más fuertes que he conocido. Me pregunto a mí mismo si eso es valor, y me temo que no puedo responderme. No es porque no lo sepa, o porque no lo intuya. Es por miedo.

Una melodía mística en un momento mágico. Una razón para vivir. Una vida que cambió a varias. Y que no dejará de mover al mundo.

De apariencia tan inocente…

Tan sutil como el amor que siempre te he tenido…

Amigo mío…

Sé que me oyes…

Y sabes de qué estoy hablando…

¿Huirás?

¿De la misma forma que lo has hecho toda tu desgraciada vida?

Despertó. Tuvo un sueño tan especial como él mismo. Y dejé de verle por algún tiempo…