Los novios pobres

Cada fin de semana después de las doce de la tarde podríamos vernos para salir y estar juntos hasta antes de las nueve, si era quincena podríamos ir al cine o a la cineteca que es más barata y nos hace descuento del 50% por ser estudiantes. Ella no trabaja pero como si lo estuviera porque solo tiene los fines de semana libres. Está en el colegio militar, y a veces le toca guardia y pasan hasta 14 días, casi medio mes, sin verla.

Los mensajes del celular nos cuestan un peso, y como no es mucho podemos hasta darnos el lujo de pelear (y de gritarnos, y reprocharnos) via tecladitazos. Pero yo soy un estudihambre de letras, y todas estas cifras, los días, las horas, los precios, los trimestres y las calificaciones me dan igual. Sólo sé que tú y yo somos 2 y que nosotros menos tú es igual a yo negativo. O algo así. Que me gustaría salir con otra pareja más para decirles que dos más dos es lo mismo que dos por dos, y que a ver quíen se anima a ser nuestro quinto malo.

Salimos a Coyoacán porque te queda cerca y a mí me recuerda la prepa y cuando nos conocimos. Apenas me alcanza para invitarte un café en vasito de unicel y quizá unos churros para los dos. Intentaremos matar alguna hora paseándonos por la librería, y tú me sigues tímida preguntándote por qué no te tomo de la mano. Hasta los vendedores saben que algo pasa. Ese par juega a un nuevo autismo.

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