Poco esto ya vemos

Cuento paralingüístico
(oct-02)

Cuando fui a Hidalgo a alfabetizar gente, me pasó algo muy curioso. Ya sabes, era algo que había planeado desde hace mucho tiempo: teníamos libros, planas, impresiones, lápices (por si hacía calor) muchas tizas y un pedazo de lona negra grande que compramos entre todo el salón. Era primer trabajo de campo hasta para el profe, que s equedó con las ganas de hacerlo cada año.

Pinche profe… Todo un lingüista, con diplomados en Beijing, y hasta estudios en Moscú. Mexicano gringillo, chicano a medias. Le admiré sus técnicas, explicaba bien y sabía mucho, tanto que le creíamos un potente diccionario y conjugador verbal. Traducía tan rápido que, en aquellas tardes de calor y embriaguez, me hacia sentirme mierda, mierda rápida, pero no simultanea y mística como él. Por eso mismo no me le despegaba. Seguirle era patético, daba risa y puede que hasta irritante, pero ambicionar a ser más, por eso de la ventaja, ya no me daba pena.

¿No se te hace curioso cómo se da eso de la interculturización, pero a nivel personal? El cómo un profe mezcla su vida con… no sé… ¡con mi perro el Bartolo! Mi perro el Bartolo tiene todo un estilo de vida que envidiaría cualquiera: es un perro vegetariano que le gusta asomarse por la ventana y mirar los almendros por la tarde, nunca ruega por comida, duerme sólo lo que considera necesario y de vez en cuando nos exige pláticas de desahogo. Pero no aspira a nada más. Y bueno, el profe es el profe. Si bartolito fuera de él, sería más como yo… ¿sería bueno o malo? Mi muy bicolor perro me ha vuelto un vulgar maniqueista.

Te lo digo porque allá llegamos a otro mundo… yo no lo conocía, me sorprendió que la cosmovisión de unos cuantos, cuando se está en un lugar así, tan limitado, cambiaba la percepción de terceros. Si cada cabeza es un mundo cada comunidad es un universo completo, que se rige solo, la llegada de uno que otro cuerpo extraño revoluciona cada vida…

Lo primero que necesité aprender fue a dejar de subestimar, y eso no es fácil, pues uno puede actuar, y el otro puede hacer como que no se da cuenta, pero allá lo hipocresía no se tolera. Ocultar la pretensión te dejaba en ridículo. Y esto de verdad que te pone a pensar: “Llevo estudiando diario desde hace meses tal y tal dialecto, declino sustantivos y conjugo verbos, sé frases hechas y utilizar las partículas de respeto, traduzco a la velocidad a la que escucho y medio sé reconocer 14 vocales, pero si no entiendo su chingado ser extralingüístico todo vale madres”. ¿Era un error estudiar la lengua en función de su traducción, solamente? ¿Y un error con qué o sobre qué? ¿Para qué?

No iba a salir de ahí peor de lo que entré. Fui dispuestísimo a aprender, con mis ya sabidas reservas… Era muy importante poner atención. En esos tiempos pensaba mucho la subjetividad de las acciones. Ahora, al parecer, ya no pienso tanto en ello, así como el mudo no se explica a sí mismo diariamente porqué no puede hablar. En fin. Pobres mudos. El rango de mi esfera no los toca si no es en estos tristes ejemplos.

[incompleto]

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