La bolita de paja

Cuento autobiográfico
(feb-03)

I

Uno de tantos días, no hace mucho, una piruja y un homosexual tuvieron un hijo hecho de estambre. Ambos estaban incapacitados para procrear, uno por gusto y la otra por costumbre, así que adoptaron, cada uno por su lado, a una madejita de hilos enredados unidos por un lazo amarillo, elaborada por un sabio y metafísico dinosaurio. Lo que pasa por el aire de la realidad durante instantes cósmicos, casi siempre, ha pasado antes por le mente de algún ocioso. Estos hilitos blancos fueron en la fantasía pedazos de tierra corriendo por estepas solitarias y secas, o arbustos muertos impulsados por el viento, irónicos, invocados por la triste manifestación de algún comentario de más: “La bolita de paja”.

– Tenemos un hijo – dijo la orgullosa madre.

– Tenemos una hija. – corrigió el marica – Es mi hija, y se llama izta citlali.

Para él, este engendro no era blanco. Era una estrella de sal:

– Blanca, no marina. Blanca.
– Yo quiero casarme vestida de blanco – cantó ella.
– Lo nuestro es un juego, vida. Yo me casaré de negro, aunque no se legalice.

El padre la adoraba. Le dio paseos, la alimentó, le narró cuentos, le quería. Era este objeto inanimado el blanco de toda su paternidad frustrada.

– Lloro porque la quiero mucho.
– Lloras porque no conoces el amor.

Y, ciertamente, ninguno de los dos lo conocía. En esto eran cómplices, lo ambicionaban: querían dárselo, intercambiárselo, si se podía. Lo buscaron en besos, cantos, lenguas (muchas lenguas), sueños y juegos de palabras. Pensaron mucho, y siempre fracasaron. Ahora, él está en su cuarto escribiendo cuentos, ella ya se aburrió de hacerse pendeja sola.

– Yo tuve una hija. La perdí en un camión, un día que llovía y no había pasaje. La tenía en mi barriga, y su madre, que era una mujer fácil, me la encargó. “Quiero verla mañana” me dijo.

– ¿En la prepa? No mames güey estás loco…
– En la prepa de Coyoacán. Un día la raptaron…
– Tus braquets me picaron la lengua… cuatro veces.

Cerró los ojos y abrazó una almohada para tapar su desnudez. Seguro pensó que su hija había venido al mundo solamente para ocupar esos segundos de plática.

II

(abr-03)Meses después estaba el marica ya reformado partiendo boletos y encarando descarados, y para sorpresa suya y nada más suya porque la otra se fue con un otro para fornicar porque era estudiante de medicina y vivía solo con un perro que se deshacía de verlo, encontró a su hija renovada, que si quería nacer en papel porque tiene la superficie donde se pueden marcar gestos, cariños y santas palabras, pudo: Una estrella de cartón, blanca esta vez, nacida en marzo, gracias a uno de tantos alejandros que sí era como él pero no tanto (diferente al de la lengua alambreada), viéndome, esperando, buscando inanimadamente una cruel venganza que se empezó apenas a escribir y de la cual serán ellos testigos bajo el peligro de muerte por capricho y dolor.

III

(jul-03)Dejó de trabajar ahí y dejó de ver al otro alejandro casi diario para ver a otro alejandro también que un día me guiñó el ojo y no supe que hacer, en el nuevo trabajo donde si tenía suerte me pagaban lo doble o lo mitad del anterior, dependía, donde conocí a una niña de un tío secuestrado que hacía testamentos y comía yo comidas corridas sin carne y mucho chile, caliente y picoso que me prendían. Ella me dijo “no te vayas, no seas ojete” yo dije “no, nóme voy namás jugaba”, y se quedaban callados porque decían que hablaba raro, porque ellas no saben que mi lengua materna es el diom, y que así hablo es porque así pienso, que cuando hablo en español estoy como huérfano que dice que no tiene madre si dice algo, y que así veía las cosas y que así salían, no me importaba si sonaba como querían o no. “Pinche mundo surrealista” dijo, yo me reía con mi cara de estúpido (<<estúpido>> significa <<tonto y ridículo>>) con los cachetes inflados y ovales, ella con sus ojos tan sexys y sus senos tan pequeños y varoniles que quise brincarle y lamer uno hasta que sudara, qué calor, mucho tiempo solo, estoy muy urgido porque ya pasaron casi más de siete meses desde el alejandro uno que se oxidaba la lengua, y el alejandro cinco que se apellida aoyama además de tener un apellido del uno no le intereso ya, me frikié, no le he preguntado al maestro qué hacer en esos casos, ya me llevó a un bar gay, me dió miedo, me emborraché, le pasé el mentón por la barba como un perro, pensé “titut… chu? ” y “mishiáuiam” porque no hice lo que quería e hice lo que no, me atormento, afuera está lloviendo, ya tengo que dormir, mañana voy a trabajar otra vez, sin esperar que nadie me haga caso, es tiempo perdido, no voy a fornicar con nadie, y puedo decirlo en cuatro idiomas, y aprendo idiomas para eso, para decir me quiero morir y que todos me entiendan.

IV

Las cosas iban perdiendo su interés. Él había hecho un berrinche, dijo “yáno rregréso” y el sábado no fué, ni el Domingo, si es que se trabajó porque no supo, ni el lunes, hoy es martes y está en su casa comiendo croquetas dulces.

La jefe, Ana, que es el nombre antípodo de alejandro en su mundo achatado, tomaba una cubeta con tantos litros de agua, le vertía unas tres cuatro cajas de Maizena y metía la mano, hacía una mezcla blanca, caliente, ponía su mano frente a nosotros y, con los dedos cubiertos de ese semen frío de maíz, aunque en su mente decía “chupa”, se le oía decir “Necesito que pases tu lengua por estos dedos”, y los muchos setenta y tantos que éramos, íbamos, pero todos lo hacían menos yo. Yo me quejaba, “Nosestándándoatóleconeldédo, ¡compañeros! ” ellos no me hacían tanto caso como los demás superiores que me ficharon de perturbador, necesitaban el dinero, no era tan difícil, podían aguantar más y si nos pagaban las horas extras podíamos salir con la frente enalto, pero hasta el momento no los han dado y solo agachamos la cabeza esperando unos pesos más en el próximo cheque.

¡Súmanse el ombligo! ¡No digan/pongan/tengan malas actitudes hacia sus compañeros/mí! (Y yo esperaba el silencio para decir ¡! Agachones! ) Eso es lo que he estado haciendo, mira, se me ven las costillas, y la cara siempre la sonrío, hasta cuando digo que nos abusan, y por tí, Selfi, y esas amigas nuevas que orinaban en la taza las dos al mismo tiempo y que jugaban a quitarse los vellos púbicos para hacer pactos de hermandad, y que me dieron esa imagen de senos enormes (¡tan diferentes a los tuyos! ) con una canelita en medio, lista para que yo te la quite y me la coma y te burles después de mí.

Me los quité de un tajo. Ya están, inconscientemente, en el proceso de olvidarme, y eso es más que quedarse todo solo. Quisiera volver pero, ya dí la renuncia de honor, Alejandro me despachó cuando forzadamente me dijo “¿has visto a la de captura que… ? ” Yo dije “No güey”, ya, ya no podía. ¿Los empiezo a olvido ahora? Sentiría que esos días de trato donde aprendía algo cada tantas horas fueron inútiles en todos los sentidos.

[incompleto]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *