El burro

Cuento oligofrénico
(17-feb-03)

(Este relato lo escribo basado en la noticia garciamarquezca: se relata por el placer de relatar. )

No, no sé Esperanto, puro fantoche, pura pantalla. De hecho yo soy la mismísima reencarnación del burro de la flauta:

Desde burrico perseguí la fama y el buen nombre para la famosísima casta de mi finísimo linaje de los Pardos, frente a las Escarlatas gallinas de huevos cuadrados y los Albinos azabaches con ojos de obsidiana. Mi mamá burra decía que en el mundo (mundo era una palabra que según recuerdo de mi papá burrote significaba “todo lo que se apoya sobre el suelo, sea planta sea cosa o seas tú”) existían otros ranchos donde había otros burros como nosotros, que daban leche, cargaban alforjas y tenían mulitas con las yeguas, en fin, igualitos que nosotros con la variedad que no eran nosotros y por lo mismo no compartiéramos el apellido, ya si no el color.

“Uno no come para cargar o para dar leche, se da leche y se carga para vivir, y se vive para hacerse de cosas, y lo mejor de lo que se puede hacer un asno de categoría es conseguirse gloria, que no es como la avena que se pudre cuando hay humedad y que ya no sirve, y que no se guarda ni para uno ni para nada más sino la tierra que bien pudo obtenerla como deshechos. ” Decía mi sabísimo padre el burrote, recalcando que “la gloria da poder, da confianza, da vida, es algo pues que se nutre de sí mismo. Hijo, esta es la más grande herencia que puede dársele al vástago. Esfuérzate pues y vive para aprender para que tu nombre se marque en la historia, que por no poder comerse es eterna. ”

Más no supo decirme cómo hacerle. Ya estaba dejándome vencer, mas el atinado razocinio de mi madre me dio pistas. “En el pueblo donde los señores me fueron a comprar se hablaba mucho de tu padre. Cada vez que nos visitaba para hacer mamá a alguna burra joven y lista para tener burritos íbamos todas a preguntar qué tal, cómo te fue, qué pasó, qué hacen, no entiendo, a ver otra vez cómo estuvo eso. Las dejó, más bien nos dejó desconcertadas, imagínate. ” Yo ya sabía que tenía algunos hermanos burros bastardos por ahí y por allá, algunos en lugares donde tanta lluvia había hecho charcos tan grandes que se perdían a la vista, y el agua se había peleado con la tierra volviéndola polvo amarillo y esta aunque más movible quedaba píerrica salándose, pero yo era el que nació en la casa de los dueños y eso hizo a mi mamá la oficial incluso antes que las caballas y sus engendros del de moño.

¿Esa era la fama que quería mi padre burro? Eso yo no lo puedo hacer, al simiental lo escogen los señores, y como no soy ellos no puedo hacer nada. Entonces fui buscándole y le pregunté a mi amigo el hijo del cuidador. “Vi una película de un puerco que cuidaba ovejas, eso lo hizo muy famoso”. Eso tampoco se podía, nosotros solo teníamos ovejas cuando era el cumpleaños del hijo del patrón y la enterraban en la tierra, como los animales de la casa que no se comen, pero calentaban la tierra, la desenterraban y se le comían elegantemente en platos y con cubetitas transparentes para el agua que caben en una mano. Además ya lo habían hecho, aunque eso sí, sería muy emocionante que yo, Pardillo de la Cabeza Alrabo fuera el primer burro ovejero de esta estrella fría de lodo seco que llamamos planeta.

Era cuestión de copiarle a alguna raza inferior algún logro. Mi mamá me contó un cuento de un pato hablador que era algo silvestre y montaraz cimarrón que sabía entenderles igual a los patos de las montañas, bosques y ríos, y se decía polípato. Yo no podía volar de aquí a allá para aprender a rebuznar como los parientes de ranchos ricos y pobres y citadinos y de la ciudad, pero si llegaba a hacerlo se me daría más mérito. Entonces unos piojitos me dijeron que me enseñarían a hablar como los burros de litalia de lafrans de la España y del Monterrey de príncipes y princesas si les daba un poquitito de mi sangre y casa para sus piojitos bebés, y bueno uno ha de invertir en el conosicimiento porque la letra por la sangre se sale.

Yo no lo sabía, pero los piojitos tienen un sistema de educación y una memoria más eficiente que la de las personas. Muchos de ellos heredaron de sus progenitores la lengua universal de Babilonia, la mitológica lengua na-na, que según ellos sus sabios lingüistas piojitos del siglo 19 era origen de todos los idiomas que han existido. Otros se interesaron más en la migración y las relaciones internacionales y aprendieron las formas de hablar de varios grupitos de humanos, educándose en un larguísimo catálogo del cual podría escoger el idioma que me gustara más.

Me dijeron que si quieres ser un culto burrito estudia la latina o la jelena, son muy populares entre los estudiantes del oeste que también aprendían fgasé, litaliano y doich, o el inglish que es el idioma oficial del imperio de occidental, o los idiomas raros del oriente si quería verme interesante, como el muy hablado janiú (también conocido como chonuen o algo así) o el difícil ni jongo, el algarabía que estaba muy de más porque nadie quiere burritos cuando hay camellos o las más raras que son las que unas personas inventaron para que todo el mundo usara y todos pudieran hablar con todos, pero la mayoría de la gente prefería hablar mal de ellas antes que aprenderlas y se negaban a no usar sienpre la lengua madre de su madre por la de otra madre que ni siquiera es de uno.

Escogí el nagualatole pero me arrepentí porque burro se dice poloko y yo no estoy loco, no escogí elilatiano porque a la grasa de leche le dicen burro y al burro le dicen ásino, y asino quiero que me digan, en inglish se dice donki y si fuera grande mi mamá burra me diría donki hijote y Cervantes no era un burro con entendimiento, y en ni joronngo se dice literariamente caballo conejesco y eso suena mas bien a una vulgarcísima mula aberración de la naturaleza del pecado original. Al final escogí el haníu (burro se dice lii) pero no pude aprender, a los burros nos cuesta más trabajo aprender namás por aprender.

Un pajarito llamado flautero me contó que en un viaje a las islas canarias para conocer canarias escuchó hablar de un habilísimo y arrogante burro catalán que ya dominaba el haniú, y que hasta había traducido para su círculo de intelectuales ásnidos un libro de poemas logrando una increíble rima que catalanizó lo más chino que lo chino. “Pobres chinitos. Otras naciones ya les robaron los espaghetis, las piñatas, el té, la papiroflexia, la caligrafía, la imprenta de tipos, el vegetarianismo, la tortura y ahora los poemas… oye, ¿me estás oyendo? ”

De la tristeza que medio enrociné, e guardabo (como decía esa pulguita Toscana) la belísima luna. Hasta me hicieron una canción sobre esto, con todo y que me creyeron enamorado y me cambiaron la especie.

También me enteré que los burros en contraparte con la tesquedad de las mulas tenían una larguísima tradición filosofista. Se dice que fuen un burro el primer ser vivo que pensó (porque no nos descartó Descartes de la esistencia eso de que si pienso entonces existo, porque nosotros como hablamos poco entonces ergo pensamos y existimos más) en el origen de la tela y del mecate, basándonos en la tesis de la del hilo, prograsándonos yendo algunos más lejos lineando piedras de collares, carros de ferrocarril y estrellas para dibujar constelaciones y hacer un adorno cósmico griego universal cual bola entre las bolas de estambres.

Me volví entonces un bohemio, pues así es como dicen que empezamos yo y los demás nosotros los intelectuales diestros de izquierda, me dieron a entender que es importantísimo hacerse íntimo del burro que salió en aquella película o aquél que en lugar de decir &«llegar&» dice &«hacer arrivación&» y de aquella hija de ese burro que tenía de dueño al editor de biblias o ese mulo maricón que pinta en yeso tan bonito, y me uní al REBURRE (revolucionistas burriles reunidos), asociación joven de burros revolucionarios, cuyo líder era un puerco que se renovaba cada vez que en la casa había antojo de chicharrón prensado. Me di cuenta que era muy intelectual para estar con compañeros de tan poca modestía y abandoné para desgracia del mundo burril mi prometedora revolución cosmovisionista.

Hasta entonces, aunque el método (o la respuesta, no sé) estuvo frente a mi nariz tanto, tanto tiempo. Era el arte. Un arte que no da explicaciones, del cual críticos cual parásitos podían destrozarlo, hacerlo jirones y hacerlo trapeador, pura envidia, y el artista burro intumbable porque el artista no está para dar razones, es un hijo del cielo que con su locura da a nosotros los mortales un pedazo de paraíso. Por supuesto, la forma más fácil de buscarse la fama. El truco está en nunca dejar de ser creativo.
[incompleto]

***Por eso cuando me preguntan porqué se hacer tan bien tanta fantochada wanabista recalco que soy yo la mismísima reencarnación del burro de la flauta, para gloria y honra del ya difunto mí mismo.

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